El #EABE15 sólo podía ser lo que ha sido: el triunfo de la humildad

Para análisis sesudos tengo yo amigos y amigas que los hacen. Entre muchas y estupendas crónicas, me gustan siempre las de Juanma Díaz, inmediato y amigo estupendo, y en esta ocasión el trabajo impecable donde están todas las crónicas y fotos, de Lourdes Giraldo. Siempre fui buena eligiendo personas, hasta cuando me equivoco.

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Multiculturalidad.

Como hacemos con niños y niñas en la escuela y la familia; como hacemos entre adultos; como hacemos con todo, comparamos los EABEs unos con otros como si tuvieran algo que ver. Y además lo hacemos mal (quien lo haga, que yo no he sido) porque lo hacemos evaluando y/o devaluando. Esta enfermedad no es eabera, es mundial y difícil de erradicar incluso entre quienes nos oponemos con ahínco. Yo no consigo dejar de hacerlo. De momento estoy en la etapa de lo hago, me doy cuenta, rectifico si puedo y si no, me perdono. Pero no me gusta, que ya es algo.

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El que no sale nunca, sale aquí. ¡Bien!

No recuerdo un EABE en que comiéramos mejor que en el comedor del colegio de Casares. Ni un baile más divertido que el de esa misma noche. Se criticó la no horizontalidad o algo así. A mí me encanta que me cuenten cuentos (aunque procuro no creérmelos) porque me relaja, así que no me importa nada sentarme en un salón de actos tradicional (a ser posible con buenos sillones en la ponencia de las 16 horas, que ya hay que ser) y que me cuenten cosas. Así que me pareció perfecto. Estábamos tantos amigos y amigas que yo no me fijé en más. Las noches de juerga en aquella plaza de pueblo la veo difícil de repetir, aunque no ningunea a otras memorables aunque más pausadas. Aquellas risas en Carmona fueron tremendas. Y en Úbeda sufrí mucho por mis amigos y hasta me vestí de normanda, mi segunda nacionalidad después de la andaluza ;P

En Carmona disfruté my way liándola parda y ayudando en la organización. En Algeciras apenas pude estar. En Almería di la nota y no quiero acordarme. En Guadix conocí a Jordi Adell y a Concha. Y a muchísima gente a la que quiero mucho. Ni me acuerdo qué comimos. Sé que disfruté mucho y que lo pasé huyendo de un plasta al que no hemos vuelto a ver. Por aquel entonces la Consejería hacía acto de presencia silencioso. Este año ha estado en glorioso. Todo evoluciona, por regla general a mejor; a veces, hay que recular para coger impulso. La vida misma.

En algunos EABE ha habido suerte y se ha encontrado apoyo a porrillo. En otros, algunos compañeros-amigos se han visto muy solos. El de Córdoba, para mí, ha sido un resumen de todo lo bueno de los anteriores, salvo alguna cosa (que tiene que ver con la comida y cena comunes, que son muy desobedientes, que mira que se lo dije, que hoteles sólo para dormir ;D). Vaya por delante que la comida decía “cocktail” y no “perol”. Partiendo de ahí, el fracaso ya estaba garantizado. Ponerme a mí en la “puerta”, el segundo fallo, porque me puse moraíta de comer.

Uno de los grandes éxitos de este EABE, desde mi sentir que no tiene que ser el de nadie, ha sido la humildad. He visto la Córdoba llana, seria pero no infeliz, humilde y sabia. (También tiene cosas chungas, pero eso que lo digan otros).

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Él es más listo, pero yo soy cabezona.

Actividades manuales, juego a porrillo, TIC con alma, aprendizaje horizontal, choques por los pasillos que han sido muy divertidos, ganas de verlo todo porque todo era interesante y bueno, cooperación a todas horas, tranquilidad con el horario que un poco más y lo cumplimos, profesionalidad sin presumir de nada, música, emociones, innovación más allá de las máquinas, y patios, dos patios en el CEP, uno con césped y otro sin él, para que vivamos de todo. Hemos mirado más adentro que nunca. Decía Josefina Aldecoa que el carácter cordobés es como los patios: hermosura sin alharacas, compartir casa hacia adentro, belleza interior. Y encima, Córdoba está guapa por fuera.

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Gracias, Lourdes por la imagen.

No los voy a nombrar porque ellos saben quienes son y ya están más que nombrados, renombrados. Mis sénecas favoritos, nada que ver con la útil plataforma donde trabajamos casi todos, no han cogido el micrófono, no han perdido la sonrisa, no han dejado de ayudar, de pensar, de trabajar. Han aguantado que les hagamos quitar lo de quitar andaluz, vote quien vote, que una cosa es ser horizontales y acogedores y otra regalar la casa. Nos han puesto a trabajar de una manera que ni el de Palma ha sido capaz de decirles que no. Y hemos disfrutado mucho. Yo he visto a las personas humanas disfrutar mucho.

Eso sí, alguna desobediencia hubo. Siesta me pillaba lejos la mansión, pero ponerme yo a resolver a las 9 de la noche, después de medio EABE  y una semana cultural que pa mí se queda, los códigos QR en la Corredera en vez de ponerme morada de salmorejo en Casa Salinas, era mucho pedir. Y me consta que tras resolver la primera cuestión de la gymkana realista virtual, el escaqueo fue masivo. Pero la actividad era preciosa y ya la vamos copiando mucha gente, magnífica para las competencias clave.

Gran regalo la ausencia de guruses, gurusas y vendedores de humo. Gran regalo tanta gente de la escuela pública aprendiendo por vicio y por convicción y con cero cargo al erario público (yo sé como hago mis cuentas). Me gustarían más EABEs y menos premios docentes, sobre todo los unipersonales, porque cada día lo tenemos más claro, este trabajo es de equipos, por equipos y para equipos, y de ese mejunje sale el beneficio individual y personal al que yo jamás renunciaría, ni haría renunciar al alumnado. Mi incapacidad para aceptar castigos me lleva inevitablemente a la misma incapacidad para creer en los premios. De pequeña sufría a chorros con ellos. Y ya lo dijo Séneca, “todo lo mío lo llevo conmigo”, independientemente de lo mucho o poco que viaje, de lo mucho o poco que me quieras tú.

Magnífico EABE, para mí el mejor por muchos motivos personales, y como participanta, porque he visto en él ese clic que sientes cuando después de muchos pasos, llegas a la comprensión certera de alguna cosa importante. De aquellos ingredientes primeros, este salmorejo.

Nota personal. Lo de antes era impersonal, jeje. Me ha gustado ver en el EABE cordobés a personas que normalmente sólo veo en ambientes menos amigables. Me ha gustado ver caras nuevas. Me ha gustado ver-me tranquila. Me ha gustado mucho mi segundo pueblo (el primero es malenilandia, Posadas, y el tercero Tomares, sevillana nunca me sentiré salvo fuera de Andalucía, #yosoyasíN).

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Diario (lectivo) de una directora en prácticas. Abril aguas mil.

Captura de pantalla 2015-04-26 a las 10.39.00Dice la gente que hay que mantener las formas, que las formas son muy importantes, y yo cada día estoy más convencida de que eso es verdad. Tanto es así, que gracias a las buenas maneras y al mantenimiento de las susodichas formas, se urden las mayores y mejores mentiras de la humanidad y salen unas úlceras del tamaño del Kilimanjaro. Y también, cómo no, gracias a las buenas formas, vivimos mejor. Eso me lleva siempre a querer saber, porque estoy aprendiendo a comportarme, qué buenas formas son saludables y cuáles no.

Yo no quiero que nadie me grite, ni gritar yo. No quiero perder los papeles, los nervios, no me gusta que la gente me vea enfadada. Bueno, no me gustaba. Ahora no es que esté encantada de que eso suceda, pero digamos que no me preocupa sobremanera. Sí es verdad que me ocupo, y más ahora que represento a una institución educativa, en mejorar cada día mis maneras y mis formas, pero lo hago desde dentro, porque no veo en mis modelos cercanos que hacerlo desde fuera funcione. Es decir, no quiero mejorar mi dicción, mi apariencia, o mi quedar bien. Lo que yo quiero es mejorar como persona, quiero mejorar mis afectos, quiero mejorar mi trabajo, quiero representar con dignidad a “mi colegio” y que “mi colegio” me represente con dignidad a mí, y sé que para eso una de las cosas que importan, aunque no sea de las más importantes, son las formas. La cosa es que creo que si consigo cambios internos personales, o aproximarme, estoy convencida de que no necesitaré mejorar mis formas, porque mejorarán solas.

¿Y por qué me ocupo tanto de esto? Porque he visto que el alumnado, en su gran mayoría, adopta las formas de sus mayores, también en el colegio y también más de lo que pensamos. El poder de un tutor o una tutora que manipula a través de las formas y maneras, buenas, malas o pretendidamente neutras, es muy grande. Es un tema delicado para ser tratado públicamente, quizá, pero lo suficientemente importante para no seguir ninguneándolo, mirando hacia otro lado.

Conozco gente que mantiene el tipo hasta el despelleje, y gente que no tiene tipo. Mis favoritos son quienes no tienen que mantener nada porque tienen un tipazo interior que les mantiene el exterior con un estilo personal propio, con una consideración seria hacia los demás, con una profesionalidad que va más allá de la tonta excusa de quien la airea para no tener que dar explicaciones. De ellos quiero aprender y últimamente apenas veo al resto, se van volviendo invisibles, se diluyen en el horizonte de mis dos mil horas de trabajo sin que me dé tiempo de acordarme de su existencia, hasta que pasa algo. Y recuerdo aquel refrán que habla del diablo, de su rabo y del tiempo libre que tiene (el diablo, no el rabo).

Estas buenas gentes de las que aprendo tantísimo son directores y directoras de otros centros que me ayudan, me asesoran, y me tutorizan en el curso de Dirección para novicios que estoy haciendo por Orden, y disfrutando cuando me gusta lo que me cuentan. Y es mucho lo que estoy aprendiendo, en contra de la opinión de mucha gente que creen que los cursos de formación no sirven para nada (otra cosa que sirve a quien escucha y no al revés).

Por el contrario, mi mayor aversión es a las personas que hablan bajito, pausado, utilizando un lenguaje pretendida-mente correcto, que dan vueltas y vueltas sobre lo mismo encantadas de escucharse o, podría ser, perdidas en la inmensidad de la lengua que creen dominar y obviamente no controlan. La mismísima niña del exorcista son estos seres humanos, adecuados en sus formas externas, aunque sus ojos no engañen a nadie porque les dan vueltas en las órbitas en cuanto les llevas la contraria. Cuando dicen serena y lentamente “déjame terminar, yo no te he interrumpido a ti”, o “no me hables así, yo te estoy hablando bien”, escupen sobre ti una batería completa de balas explosivas invisibles de tal forma que, si no te conoces bien, si no tienes claro que no eres tú, sino que eso es suyo, puedes acabar explotando con toda la razón del mundo, especialmente si eres alérgico a la manipulación, el victimismo y la violencia encubierta (véase cualquier debate televisivo para aprender lo que no hay que hacer).

Estas personas suelen ser personas muy irrespetuosas cuando algo no sale como quieren. O cuando no son quienes controlan la situación, la que sea. Son personas, a veces, que de tanto mantener el tipo y vivir colgadas del quedar bien, de la búsqueda de la perfección aparente, sufren tanto que el día que menos te lo esperas, te lían la de San Quintín por nada y menos. Como estas virtudes no suelen ir solas, la cobardía las completa y adorna y pueden llegar a utilizar a otras personas, e incluso a menores, para lanzarte sus dardos. Es lo que hacen muchos padres y madres también cuando tienen conflictos en el hogar. Es gente que antes fueron niños y niñas y que, en algún lugar y momento, aprendieron mal lo que necesitamos hacer bien.

Las personas que de verdad son artistas de las buenas formas, quienes las tienen debajo de la piel y no temblando en los pelillos del bigote, son básicamente personas que no hacen daño a nadie, que se ocupan de su parcela para que el sistema funcione, que conocen sus derechos pero sobre todo sus deberes, que se miran a sí mismas antes de juzgar y condenar al de enfrente, que gestionan bien su frustración, que no guardan basura para dentro de un tiempo, que viven y dejan vivir. Estas personas saben que un grito a tiempo no las convierte en menos válidas y tienen la paciencia suficiente para que sus hechos hablen por ellas. De esas personas son de las que estoy aprendiendo yo, y estoy disfrutando en gordo.

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Diario lectivo de una directora en prácticas (marzo)

Religión y Cultura digital en el nuevo currículo andaluz (Decreto 97/2015)

Religión y Cultura digital en el nuevo currículo andaluz (Decreto 97/2015)

Una de las cosas más difíciles de enseñar, porque casi nadie la ha podido aprender, es la capacidad de, con cariño, no dejarse manipular por nada ni nadie. Ardua tarea si vienes, como solemos venir, de una educación punitiva, culpabilizadora y que te hacía-hace responsable de lo tuyo y de lo suyo de quien sea. Lamentablemente, no es suficiente con hacer un par de sesiones en cursos de habilidades sociales, un fin de semana de arteterapia o un curso de verano para trabajar el perdón. Tampoco  se evapora la culpa leyendo libros de aprender a decir no cuando quieres decir sí, y viceversa. ¿Y esto a qué viene? Pues viene.

Conozco a muchos directores y directoras que andan sufriendo a chorros por el tema de la autonomía pedagógica de los centros, también llamada “del cuando le conviene a la Administración”. Una, como directora, no tiene voz ni voto en cosas que son realmente importantes en la vida de un centro. Sin embargo, “me pasan” la patata caliente y ardiente del posible incremento de las horas de Religión en los centros. ¿Qué ocurre con esto? Que hay quien cree que de él o de ella, director o directora, en prácticas o con pedigrí,  depende la suerte laboral de su compañera o amiga, maestra de Religión en el colegio que dirige. Yo, sin embargo, no siento ese peso. Sé que no depende de mí. Yo no contrato ni despido a nadie. Como presidenta de tribunal de oposiciones, tampoco pude hacer mucho cuando vi que se colaba un interino sin más mérito que la pura vejez y se quedaba fuera un novato con una pasión y sabiduría dignas de la escuela pública que queremos y necesitamos. Y como el fútbol, esto parece que es así y nadie lo remedia.

Personalmente, hubiera querido la Religión fuera de la escuela para mis hijos. En su lugar, hubiera puesto jardinería o taller de escritura, dos actividades altamente espirituales, yo diría que casi conventuales. Quizá hubiera pedido a su colegio que trabajaran (bien) las TIC y las TAC, y no hubiera tenido que darles clases particulares yo misma. “Mamá, ¿qué hacen con esto los niños que no tienen madres maestras?”, me preguntó una vez el pequeño. Buena pregunta. En vez de tener lo que yo quería, tuvieron clases de nada a cambio de que otros niños y niñas tuvieran clases de Religión. A lo largo de la escolaridad son muchas horas perdiendo oportunidades. Tuve que autoengañarme a mí misma para no sufrir diciéndome que algo aprenderían, pero no coló, porque las mentiras no suelen colar. Ahora viven de las rentas de mis clases particulares más que de las clases del colegio, también en lo referente a su espiritualidad y sus creencias, porque no se sienten culpables de nada, casi nunca. Qué envidia me dan.

Con respecto al sentir de los directores y directoras que conozco, mi respuesta es que yo no tengo autonomía como directora para decidir prácticamente nada, así que tampoco me voy a quedar con esto. El ministro ha puesto un mínimo que ha firmado el consejero. Y para contestar “rebota, rebota y en tu culo explota” a quienes han firmado a favor de más horas de Religión y se manifiestan en la puerta de la Consejería, que son sus presuntos votantes (a mí no me tiene que votar nadie, yo estoy aquí por méritos propios), dicen que la Dirección y el centro tienen autonomía para esas horas que “sobran” de lo estrictamente obligatorio (y que nos recomiendan en todas partes que sean para troncales y metodologías activas). Pues no. Yo no voy a decidir nada de eso. No me quedo con lo que no es mío. Yo no estoy despidiendo a nadie porque tampoco puedo contratar a nadie. Yo no elijo la plantilla (eso sería un sueño) y tampoco la dejo de elegir.

El profesorado de Religión no ha opositado, no concursa con méritos y dependen diabólicamente de la decisión de los señores arzobispos, que es humana que no divina. Y como humana que es, es injusta y además les sale gratis. Estoy hablando sólo de la Religión Católica, que es la que conozco. La que no conozco supongo que funcionará parecido o igual. De igual modo, con los recortes han engordado las listas del paro docente mucho personal interino por el que nada hemos podido hacer nadie. No opositaron. O lo hicieron y no aprobaron, y eso es así una vez más.

Yo no voy a pedir perdón por haber aprobado unas oposiciones que me costaron tres años. O por dirigir un colegio de la manera más honesta que puedo. No me voy a quedar sin dormir creyendo que yo perjudico a una familia con hijos. Todo eso no es verdad. Es manipulación. He aprendido a base de lágrimas y tropezones, de tiempo y de energía personal, de dinero y de talleres del perdón, que no soy responsable de las vidas ajenas, de las leyes que no he votado, ni de todo lo malo que pasa en el mundo.

Yo voy a apoyar cualquier cosa-actividad que crea buena para los niños y niñas que, de alguna manera, dependen de mí. Voy a apoyar lo que diga la comunidad educativa del centro que dirijo temporalmente, aunque no me guste. Voy a hacer propuestas de trabajo que me gusten y aceptaré que no salgan adelante por falta de apoyo. Voy a dejarme las pestañas en mi trabajo y a ganarme cada euro que me pagan y los que nunca me van a pagar y a pesar de eso recibiré críticas justas e injustas, demoledoras y constructivas. Me equivocaré diariamente una pila de veces también, y quién no. Puedo incluso ser la peor directora posible para muchísimas personas.

Pero en lo tocante a las clases de Religión, al personal que las imparte, a quien les contrata, a quienes les pagamos,  y a la buena o mala gestión de semejante estructura, soy absolutamente inocente.

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Diario lectivo de una directora en prácticas (febrero)

Venía pensando por la calle, que es cuando mejor pienso, caminando por la vida, y pensaba en eso que llaman ahora liderazgo y, más concretamente, liderazgo educativo. Como soy directora en prácticas, novata y poco aficionada a aparentar que soy lo que no soy, y además me cuesta la propia vida sujetar el entusiasmo (la gente lo llama genio, pero yo, que soy la que está dentro de mí, sé que es entusiasmo y ganas de hacer cosas diferentes), meto patas que siempre tienen arreglo y que me están haciendo crecer ligerita. Nada más recomendable y productivo para hacerse mayor que meterse en un buen lío profesional, emocional o de los dos a la vez. El remix de ambos es para cuando quiero sacar nota, y ahora no es el caso.

Y pensaba ese mismo día, también, en Sir Ken Robinson y su acusación gratuita acerca de que las escuelas no son lugares donde desarrollar la creatividad. Probablemente tiene razón si nos referimos al alumnado. Bueno, probablemente no, tiene razón. Pero si hablamos de escuela pública y maestras, maestros y directoras en prácticas, la escuela pública es un campo de entrenamiento perfecto para que nos distingan con el Nobel Pro de la Creatividad Mundial.

¿Y por qué la escuela pública es un gimnasio para la creación? Porque en la escuela pública cabe todo. Inclusión lo llaman. Yo entendía como inclusión la aceptación natural de la diferencia y la atención a las necesidades especiales de cualquier índole, tamaño y condición. Solidaridad, cooperación, atención, escucha activa… Pero cada día y casi cada hora se dan situaciones que van de lo normal a lo sorprendente y son situaciones que hay que resolver en un suspiro, incluyan o no. Casi todas tienen que ver, por regla general, con la inclusión de medio pelo que estamos siendo capaces de ejercer unos y otras. Olvidamos también que no sólo incluimos al alumnado con sus individualidades constitucionales, sino al profesorado y a las familias con sus ídem. Casi tres mil personas entrando y saliendo por la misma puerta cada mañana no puede ser más que una maravillosa oportunidad de ejercer la ciudadanía responsable, la profesionalidad de calidad, o la bajuna más impensable en el lugar sagrado donde pasan su infancia los niños y niñas de nuestra, presuntamente superior, sociedad.

Sobre el papel, en la legislación, en los proyectos educativos incluido el mío, y en las cartas al director, está todo muy bonito, muy bien: comunidad que aprende, equipo de profesionales, familias participativas, administración proveedora… Otra cosa es la perversa realidad, esa señora tan molesta de la que nos pasamos la vida huyendo sin caer en la cuenta de que ella es, precisamente, la Vida. Por ejemplo, queremos que lo diferente no lo sea (misión imposible, lo diferente es diferente), y queremos, sobre todo, que no nos afecte. Las familias no aceptan a sus hijos e hijas tal como son y las maestras y maestros nos irritamos cuando algún niño o niña no responde a lo que creemos que es lo adecuado. Creyendo, encima-además, estar en posesión de la verdad acerca de lo que es normal y adecuado. Queremos que niños y niñas que apenas pueden sostenerse o llevar una vida normal debido a sus enfermedades o circunstancias (de las que podríamos hacer un listado casi infinito) permanezcan cinco horas lectivas sin hacer nada inapropiado y además escuchándonos y aprendiendo de una manera muy determinada y única. Obviamente, no funciona.

Claro que hay casos que impresionan por su dureza. Precisamente ahí es donde sale, el profesional, la profesional, con su valentía, su capacidad de adaptación, su amor y su tiramiento de la programación diaria y cerrada a la papelera. ¡Ay, Sir Ken Robinson! ¿Ha probado usted a trabajar en un sitio en el que hay grandes expectativas y tienes que apañarte con el personal que haya en calidad y cantidad? Pues yo lo estoy probando ahora, y nunca pensé que esta que lo es, que según mi maestra no servía más que para las matemáticas, se esté convirtiendo en una artista de la creación y la originalidad. Si eso no es creatividad que venga usted y lo vea.

Me atrevería a decir, sin ánimo de molestar, si acaso para defender lo que es mío como madre, maestra y contribuyente, que la escuela privada no dispone de semejante recurso de aprendizaje. Por razones obvias. Seleccionan al personal mayor y menor, eligen su ideario, ponen puertas al campo con el apoyo de las familias y controlan hasta lo incontrolable. Sin embargo, la escuela pública es variopinta, la hay en buenísimos barrios y en el peor de ellos, en ciudades y sobre todo, en pueblos. Viene a ser entonces que el liderazgo educativo, en el que venía pensando, es uno y trino. O politrino. Y el desarrollo de la creatividad y el crecimiento personal se ven reflejados en la seriedad con que las personas desarrollan su trabajo y en la profesionalidad con la que ejercen ese desarrollo.

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Diario lectivo de una directora en prácticas (enero)

Leo en todas partes sobre las cosas que debería hacer la escuela por nuestra sociedad. La escuela pública, claro.

Mejorar la formación del alumnado para mejorar la sociedad, subir el nivel y la excelencia como el IVA, con esa facilidad y por decreto. ¿Que si lo veo posible? Pues claro que lo veo, si no lo viera no estaría aquí, echando horas que nadie me pagará, máxime teniendo en cuenta que últimamente no me pagan ni las que son de ley, y eso que hay no-recortes, que si hubiera sí-recortes no quiero ni imaginar. Ahora bien, ¿que si es fácil y la escuela puede sola? Rotundamente, no.

Vuelvo al inicio. Ya lo he dicho muchas veces, no podemos hacernos cargo de la vida de los niños, las niñas, sus familias y sus cosas. No es que no queramos, es que no nos quedan horas. A veces, no nos queda energía. Y otras, no tenemos la sabiduría. Tenemos que enseñar raíces cuadradas en Infantil de 3 años, por si viene alguien a hacernos una prueba externa y además, conseguir que, mientras, sean felices. Así están preparados para salir airosos de las propuestas de cualquier instituto y ser humano docente, sea cual sea su ideología metodológica. Sí, la metodología tiene ideología.

Lo que acabo de escribir es una caricatura, pero está basada en hechos reales. Entro en algunas redes y leo a una experta, que no trabaja a diario en la escuela, diciendo que hay que romperlo todo y ser felices. Mientras la leo, me hago preguntas… ¿Cómo lo haría ella, que yo soy incapaz? Para empezar, la inspectora, el delegado, el alcalde y las limpiadoras no me darán permiso para ir con la maza tirando tabiques, salvo que aumenten la ratio. Tampoco van a dejar que la clase de Música dure cinco horas y la de Matemáticas 45 minutos. Si las Matemáticas son “divertidas” y se aprenden “jugando” y son útiles para la vida real, casi nadie entiende lo que haces y parece que la maestra no trabaja o es “excesivamente moderna”, no cultiva el esfuerzo, la disciplina y todo aquello que hará el provecho de las personas. Así, es difícil no sucumbir a la paz espiritual que proporciona el libro de texto, sus ejercicios pares e impares para los martes y jueves, y dejar de complicarse la vida. Apuesto a que la experta, el experto, no pasaría el filtro del aguante perpetuo que soporta a veces en la escuela la gente así, de mal vivir. De hecho, este filtro solo lo pasan algunos elegidos, gente que no se rinde y acaba felizmente agotada y, a veces, agitada.

Neuroeducación emocional feliz y contenta, llamaría yo a esta corriente que nos arrastra, la del marketing pedagógico que da tanto de sí en las charlas TED propias y ajenas. Las emociones y sentimientos legítimos se olvidan entre un maremágnum de ideas sueltas u ordenadas en libros, sobre lo que es la obligatoria felicidad y la educación emocional que niños y niñas (decimos) necesitan con urgencia, como si los mayores estuviéramos como una flor y preparadísimos para semejante empresa. Que no digo yo que algo no se pueda hacer, desde la escuela y desde su dirección, pero inventarse asignaturas impartidas por no sabemos quién, no va a cambiar el alma de nadie así como así. Ya se hacen cosas interesantes que no interesan, porque no hacen ruido ni dan réditos. Pero funcionan, aunque no lo digas en un blog.

Ahora que todo el mundo sabe de todo, especialmente de educación, esa actividad que pesa a tanta gente (progenitores, docentes y legisladores de variado pelaje), que no da dinero a corto plazo, esa educación pública, a la que pocos conocen pero todos denigran, nos manifestamos en las redes sociales (el debate analógico no existe apenas en el día a día de los colegios) luchando, decimos, por conseguir una educación que haga personas felices. Como si la docencia y quienes escriben las leyes (no siempre malas) pudieran transmitir lo que no son capaces de vivir y, como los padres que intentan enseñar a sus hijos a no mentir con los pies metidos en un pozo de mentiras propias, obligamos a las heridas a no doler, a las penas a no llorar y a la risa a salir solo los días de fiesta. Y eso, aunque lo escribas en un blog, no funciona.

También en las redes leo sobre el enfoque emprendedor en educación, el disciplinado, la ley del esfuerzo y el sufrimiento que lleva al éxito. La idea recurrente de que antes de la Logse estábamos mejor, como si alguien hubiera aplicado la Logse. Acaban casi de caer en la cuenta los sabios, defensores de la Enciclopedia Álvarez, de que las criaturas salen de la escuela sin saber guisar, planchar o hacer la declaración del IRPF. Hablan del emprendimiento como si de una tragaperras se tratara, olvidando que la mayor y mejor empresa que se puede llevar es hacerse cargo de una misma. O uno mismo. ¿Escuchamos emprendimiento e imaginamos al Tío Gilito?. Tenemos un problema. Otro más.

Seguimos. Neurociencia. Tecnología. Educación sexual. Y vial. Y económica. Y científica. Y el arte es imprescindible y ayuda a todo, hay que fomentar la creatividad, que lo dice Sir Ken en TED. Haz todo eso y además, prepara dos pruebas externas al año, este año. Es agotador a veces ver cómo engordan los papeles de los colegios, las “necesidades del alumnado”, lo pronto que deben aprenderlo todo, estén o no preparados, la pelea tediosa entre los defensores de Finlandia, Corea, PISA y la happy-felicidad, que además soy bilingüe. Encontronazos y palos de ciego, formación voluntaria, y a veces mediocre, para un trabajo que debería tener los mimos más grandes jamás soñados, que se mezcla con unas pretendidas necesidades que no he visto en los ojos de ningún niño, de ninguna niña.

La escuela anda pisoteada desde hace mucho por múltiples sitios, algunos incomprensibles e inesperados, como cuando se pisa, con minúsculas, a sí misma. Y sin embargo, resiste. ¿En qué condiciones? Depende de muchos factores. De quien manda, de quien ha dejado de mandar, de quien obedece o no… La escuela es un ser vivo que cambia cada año y, ahora lo sé, cada mes, semana y hasta cada día es una sorpresa, en cada momento puede ocurrir algo que le da la vuelta y así es como, con esfuerzo y disciplina, estoy desarrollando mi espíritu emprendedor y aprendiendo acerca de mi neurosis creativa.

Y francamente, soy casi feliz.

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McQ #10años

Acabo de leer a tu niña en Facebook. Te echa de menos, pero ya es una mujer, tiene un novio estupendo y la veo feliz.

Otras cosas apenas han cambiado y algunas han ido patrás que no serías capaz de creerlo. O a lo mejor sí, que muy “jipis” nunca fuimos. Ya casi no lloro cuando me acuerdo de ti, me sale más bien una sonrisa y cuando cuento alguna cosa tuya, de las que no me gustaban, añado “el muy capullo”. Nunca fuiste un capullo. Yo lo sé.

La gente se acuerda mucho de ti y siempre hablan de lo bueno que eras. Ya sabes que yo quería que no fueras tan bueno, que protestaras, que te fueras de donde te dañaban, ahora te pido perdón por meterme en tu vida. Te pido perdón por creerme más lista que tú. Te pido perdón por todo lo que no hice bien. Tenía tanto miedo de que nos pasara algo, que la que se pasaba era yo. Os pido perdón a los tres por hacerme la hermana mayor.

Las nenas están bien, rebeldes y muy guapas. Una con su amor y la otra peleando con tus sobrinos. Ya está bien de todo lo demás. Yo peleando por un sitio en el mundo y sin acabar de encontrarlo, pero me gusta el camino. Ahora soy la directora (en prácticas) del colegio y te reirías si me vieras. Tío, somos tan mayores… y seguimos siendo muy niñas en muchas cosas, ya sabes que nos cuesta cumplir las normativas. Y la rabia que a ti te daba eso.

Los niños, ya no tan niños, se acuerdan de aquel 28 de diciembre en el que te fuiste sin decirnos adiós. Me enfadé mucho. Yo nunca escuchaba el teléfono, aquel móvil que ahora parece un dinosaurio. Pero aquel día, en un bar lleno de gente, lo dejé en el bolso, me fui al baño y aún así, escuché que sonaba. No entiendo cómo pude escucharlo, pero lo escuché. ¿Fuiste tú silbándome al oído? Qué rabia me daba que me hicieras eso.

Cogí el teléfono al salir del baño. O llamé yo. No lo recuerdo. Después de cogerlo y escuchar algo sobre ti lo estampé en el muro del bar. La gente me miraba y yo no recuerdo lo que decía, sólo sé que estaba muy enfadada contigo. No quería ir a verte pero me llevaron. Allí estaba el Feo, José Antonio, tu amigo del alma; sentado en un sillón estuvo más de doce horas mirando al suelo sin hablar con nadie. Estábamos todos contigo, esperando una explicación que nadie esperaba, pero que sirve como excusa cuando la desesperación, la impotencia y el miedo nos dejan sin palabras.

Me ofrecieron un tranquilizante. No lo quise, no estaba nerviosa, estaba enfadada. Muy enfadada. Ahora sé por qué estaba así. Era mucho más fácil cabrearme contigo, como de costumbre, que aceptar que no volvería a verte, que te habías ido así, tan tontamente. Era más fácil cabrearme que sentir el dolor infinito de haber perdido a mi compañero de fatigas, a mi rival el día de los Reyes Magos, a mi amigo en la pandilla, a mi protector cuando los ligones no te gustaban, a mi sparring, a mi hermano mayor.

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Diario (lectivo) de una directora en prácticas (diciembre)

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Jornadas de in-formación para el papel de la Dirección.

Hoy la cosa va de mandar y de formación. De esto último no es de lo que voy a hablar, pero como viene al hilo y si no, yo lo enhebro, me gustaría que en algún momento alguien nos mandara y nos obligara a formarnos, como actividad incluida en el sueldo, por si sirviera de algo construir una cultura del aprender a aprender a lo largo de la vida para el profesorado y no sólo para el alumnado.

Mandar, según la RAE, que nunca se equivoca, sería una fuerza que va del superior al súbdito, ordenar, imponer, que leído así de pronto asusta mucho cuando hablamos de Escuela. Ya en la acepción cinco habla de encomendar o encargar algo, que viene siendo distinto. Y en la seis, se manifiesta la voluntad de que se haga algo. No me fijo en las demás, no me dicen nada a la hora de reflexionar sobre lo que me toca, que es dirigir un centro educativo con la normativa LOMCE y las instrucciones pertinentes. Están todas en la Red, las instrucciones y las normas, así que no las voy a glosar aunque me den ganas de irme derechita a la acepción tres de dicho término.

En Andalucía, donde nací, resido y ejerzo, cuando un ser humano opta y consigue trabajar de director o directora de un centro educativo, debe hacer, sí o sí, una formación que, estimo, es bastante completa. Y “gratuita”, de momento. Pongo las comillas porque la formación que estoy recibiendo, la paga el contribuyente, a quien estoy muy agradecida. No me veo pagando un máster a estas alturas de mi vida profesional. Y en esa formación, nos avisan continuamente de cuánto, cómo y cuándo debemos mandar en mi caso, para ser una efectiva lideresa pedagógica y no morir en el proceso.

Pleno infantil en el Ayuntamiento

Pleno infantil en el Ayuntamiento

La normativa nueva dice que debo mandar mucho. De hecho, una mamá en el ConsejoEscolar que acabamos de constituir, me dijo que se había presentado como sin entusiasmo, porque según ha leído en la LOMCE, “la que mandas eres tú”, así que para qué voy a venir. Visto así, no es de extrañar la escasa participación de las familias a la hora de votar a sus representantes en el órgano de gobierno del centro. También en algunos sitios, oficiales ellos, me dicen que debo mandar. Mi abuelo me llamaba madre priora, y siempre me han dicho que soy mandona. Sin negar ninguno de estos ataques gratuitos, que me sirven para vigilarme y verme, confieso que mandar no me disgusta, pero tampoco me entusiasma, porque agota. Y mirando a mi alrededor, salvo excepciones, veo cansancio, desbordamiento e ilusión a manos llenas en el resto de mis colegas en prácticas.

Agota decidir en solitario qué se va a hacer, cómo, cuándo y dónde. Agota conseguir desarrollar un proyecto, aunque sea en solitario, agarrarse al “yo mando” y comprobar que el proyecto no funciona porque el presunto súbdito no obedece. No hay que olvidar que los súbditos de que hablamos tienen derechos adquiridos legales y saludables y otros que ni una cosa ni otra, pero muy difíciles de erradicar. Difícil, no imposible. Pero agota.

Exposición de juegos artesanales.

Exposición de juegos artesanales.

Sin embargo, hay maneras de dirigir, y hasta de mandar, que no agotan. Por ejemplo, mandar sobre una misma. Eso relaja, no agota. También, mandar con, que no sobre, un equipo de personas que no tienen por qué pensar como yo, que hacen sus aportaciones, su parte, que ven lo que yo no veo y que me regalan sus opiniones, agota menos.

Y si te agota, ¿por qué lo haces? Esto sí que me lo sé. Lo hago porque me agota más no poder cambiar lo que no me gusta. Me cansa más aguantar. Y mandar, en caso de necesidad, acaba siendo la única manera de cambiar según qué cosas. Ya vendrá la evaluación, o no, a ponerme en mi sitio. Por suerte, la mayoría de las cosas se pueden hacer sin dar órdenes, en equipo, cooperando, colaborando, delegando, aceptando que no siempre tenemos razón. Sería terrible que un colegio dependiera del criterio de una sola persona, por excelente y lista que esta pueda ser, qué empobrecimiento. Hasta puede que aparentemente todo funcionara como dicen que debe, pero a poco que escarbas, cuando uno solo es el dueño del cortijo y no hay capataces y equipos de jornaleros cualificados, el dueño acaba alquilando la finca a un gestor que sepa sacarle rendimiento. Y yo no quiero eso para mi Escuela. El plan es otro y lo voy a esbozar un poquito aquí.

Captura de pantalla 2014-12-26 a las 20.45.52Primero, debo trabajar de la mano, cuidando mucho y escuchando más, al equipo directivo. La Jefatura de estudios es fundamental para que el alumnado consiga los mejores resultados humanos y académicos. La Secretaría es la sonrisa que recibe a las familias, que ayuda a resolver sus dudas, que tiene las llaves y que las usa bien. Nos acompañan una monitora-secretaria y una conserje que son el alma de la puerta, pasillos y ventanilla. Hay un equipo directivo expandido, imprescindible, el equipo técnico de coordinación pedagógica, ETCP, que vela porque se cumplan los acuerdos que nos llevarán a la mejora de aquello que dijimos. Y completando el cuadro, los equipos de Ciclo y el Claustro. Los y las coordinadoras de Planes y programas son también una pieza fundamental que conecta lo académico con lo transversal, con la vida.

Segundo, debo y quiero formar equipos de trabajo reales con las familias. Los que marca la ley y doscientos más: para el huerto, la navidad, el laboratorio móvil, las subvenciones, el acompañamiento… No estamos preparados para una comunidad de aprendizaje, pero sí para hacer comunidad y aprender en ella. Ya lo he vivido antes, a pequeña escala, en el aula. Y sé que funciona. ¿Por qué no iba a funcionar haciéndolo a lo grande? Tenemos el Consejo Escolar atiborrado de padres y madres deseando ayudar, participar, conocer. Y el perfil de delegado y delegada de aula, de padres y madres, es una figura imprescindible para que todas las familias conozcan y se sepan parte de la comunidad. Y las mamás de la AMPA, imprescindibles. Vamos a trabajar de la mano, a lo largo de todo el curso, en aquello que creamos prioritario, urgente, obligatorio y, también, vamos a compartir momentos de alegría, celebración y conversación distendida.

Asamblea de delegados y delegadas de aula con la directora y la jefa de estudios.

Asamblea de delegados y delegadas de aula con la directora y la jefa de estudios.

Finalmente, el alumnado, en las asambleas de centro, será un termómetro claro de cómo vamos. Hay pocas evaluaciones que, sin serlo, sean más certeras que las opiniones, ruegos y preguntas que hacen los niños y niñas en estas reuniones. Y, como de momento estamos sólo poniendo los cimientos, sus aportaciones y propuestas son una bocanada de aire fresco cuando el hartazgo empieza a hacer mella y el fantasma de las ganas de mandar acechan.

Yo sé que no funciona el ordeno y mando en un centro educativo. No funciona el decretazo. Estamos intentando encontrar otra cosa. Ya veremos, llegado el momento, lo que aquí funciona.

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