McQ, diecisáih

¿Cuánta eternidad cabe en pocos días, Bro?

¿Cómo se anda por ahí? Por aquí se aprende mucho, me voy dando cuenta de que no es tarde, sigue sin ser tarde, me acomodé y el universo me movió la silla, estoy contenta. Muy contenta. Lloro como una energúmena, me limpio la cara, me doy duchas de media hora y salgo al sol, los tipos y los lagartos siguen saliendo también y queriendo lo mismo que querían pero ya no estás para sujetarme ni yo vivo indefensa… no debieron darte esa responsabilidad nunca.

Me río mucho y cada vez me molestan menos cosas lo que resulta fácil porque no nos dejan salir mucho y veo poco lo que me irrita, ahora toca pandemia, voy a experiencia religiosa por año, no sé vivir sin fiestas, y lo que te estás perdiendo de cabreos infinitos e inútiles… la gente se enfada por cosas que no creerías.

Sobre fiestas, las de bailar hasta las sáih bebiendo fanta de naranja, habrá una pronto, grande, cuando nos dejen y como se me da bien, sin números redondos, no me gustan los números redondos, son peligrosos… 20 es redondo, 21 es excitante… me gustaron mis 21, me gustan mis 61, habrá botellas y estarán los amigos que nunca te sueltan la mano, los que se parten la cara por ti, los que te ponen a salvo primero y después preguntan, los de siempre y los de ahora, te encantarían. Y ellas, course… ese bálsamo de seguridad, ese dejarte caer sin miedo…

Ya sabes lo que hay en Navidad, nos asusta que suene el teléfono estos días… mamá, tita Pilar, tú… pero no faltan los muertos que no se mueren, andan pululando para que no se nos olvide vivir. Este año he tardado en escribirte, me ha costado más, pero estuve contigo todo el día.

Este año el concierto sin público, o estudio para dirigir orquestas o me quedaré con las ganas de ir alguna vez a verlo en directo a Viena. Sabes… a veces me da la sensación de que si llego al día de las rebajas ya no me tocará morirme en al menos 11 meses salvo si siguen adelantando las luces de navidad, que puedo morirme a finales de octubre, qué gente más insoportable tenemos, McQ… y todavía me pregunto de dónde me sale el Grinch ;))

Te quiero. El año que viene te escribiré desde Liverpool, si puedo seguir esquivando a la parca, you know… (Javier vive en Londres y a Carlos le encanta Liverpool, ya te contaré ;))

Te dejo, esta tengo que bailarla como si no hubiera un mañana…

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MIEDO AL ABANDONO

La angustia del miedo al abandono, él no tiene “ese” y no otro, colchoncito donde dejarse caer, una casa que te acoge no es lo mismo que una casa de acogida, la casa de la abuela sí acogía pero tampoco hay abuela en él, que acogido por extraños profesionales que no pueden ir más allá no sea que metamos la pata, vive con un agujero en el estómago cada vez que alguien se enfada, por si no vuelve… ella no volvió y si ella te hace eso, qué no podrán hacerte los demás… así que asustado por si duele, vive dando patadas a los muebles, a las cosas, a la gente.

Y el agujero del estómago le pesa, los saltos esperando verla aparecer y que aparezca bien, pero no lo hace, ella no viene y él cree que es por su culpa, esa culpa que ahoga y que si no te mata es porque te enfadas y el enfado te ayuda a sobrevivir, ese enfado que te mantiene viva y te lleva hasta ese lugar mucho tiempo después, donde puedes sentarte a descansar y a perdonar pero también es ese lugar donde descubres que no todo lo que se perdona, se olvida.

Se lo cuentas y lo entiende, le sorprende que no te sorprendas, le gusta que sepas de qué habla, que le digas que el color carne no existe, que todas las carnes llevan dentro dolor y alegría aunque la proporción sea injusta en muchos casos. Y que no existe la justicia, no lo olvides. Los que dañan no siempre pagan, los abajo firmantes, la amiga que te da la patada, los que aparentan preocuparse pero nada hacen por ti más que mirar hacia otro lado, yo no he visto nada, callar o mandarte callar, que es que no hablas bien, que no quiero saberlo, que interrumpes la clase, que gritas o juegas o te vas con la cabeza a otra parte porque aquí no hay nada que te interese.

Si logras sobrevivir, se van yendo la culpa, la vergüenza de no ser lo que todos son, de no tener lo que todos tienen, esa tristeza profunda por falta de abrazos, la ansiedad del niño que espera lo que nunca ocurre, ese resentimiento hacia quienes te dañaron y con quienes no pudiste cerrar pero lo olvidas, o haces como si porque no tienes tiempo de chorradas, y descubres que la última cosa que vas a perder, si tienes suerte, es el miedo.

El miedo total y absoluto al abandono que le impide dejarse querer por si acaso otra vez no es. Y escribe una canción.

Tienen nombre y apellidos y aunque muchas veces no lo saben, son personas adecuadas para la vida, son seres humanos maravillosos que no merecen una vida de segunda mano, se merecen lo mejor y alguien debería hacérselo saber antes de que sea tarde.

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McQ, quince

El mérito verdadero no es ser joven. Ser joven lo es casi todo el mundo alguna vez, si tiene suerte. Ser joven y feliz una lotería.

Ser mayor, llegar a viejos, eso ya es un trabajo, eso sí es un mérito. Tiene mucho mérito no rendirse. Hay que aguantar, resistir, aprender a perder, aprender humildad, aprender a palos. Esquivar, crecer, invertir, arriesgar y a veces, esconderte un tiempo y volver a salir para seguir aprendiendo.

Y con más dolor que trabajo, llega un momento en que caes en la cuenta de que además de llegar, has aprendido a amar.

Te quiero.

 

 

 

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Jesús Duque Fernández

JesúsDuqueFernández

Nació en Hinojosas de Calatrava (Ciudad-Real), el 13 de febrero de 1947. Religioso de la Orden de Predicadores, en la que profesó el 21 de octubre de 1963 y en la que fue Ordenado presbítero 27 de junio de 1971.

Profesor de Sociología y bibliotecario en la Escuela Universitaria Sagrado Corazón de Córdoba, donde la vida me lo puso a tiro, era un hombre, un cura, un profesor, un alma y un amigo. Y me salvó la vida.

Mala estudiante donde las haya, pedí a mi padre que soltara la guita para estudiar al lado de la Mezquita, eso de cruzar el río a diario, que hubiera colillas en el suelo y una sentada cada pocos días no podía soportarlo una pueblerina de 19 años disfrazada de pija. Esa era yo.

Tras arduas negociaciones con su amigo el obispo, mi padre consiguió meterme con calzador previo pago de su importe y a Jesús le tocó recibirme como nueva alumna de 2º. Con sorna, me hizo preguntas difíciles y me tanteó de mil maneras para que me equivocara o confesara lo lerda que era. Nada más lejos. Si no sabía algo me lo inventaba y creía que me creía, pero solo fue compasivo para no hundirme la autoestima el primer día.

Te toca hacer un trabajo, Lola, a ver si puedes sacar una nota decente. Ok, un trabajo es pan comido. Cuando esperaba en la Biblioteca la montaña de libros que creí que me iba a dar y de donde imaginariamente haría un refrito de todo y sacaría un 9 por bien organizado, Jesús salió de entre los estantes con un libro de bolsillo en la mano y tendiéndomelo me dijo: A ver qué haces con esto. “La incomunicación”, Carlos Castilla del Pino. Y yo sin wifi…

Contra todo pronóstico, acabé los estudios y hasta aprobé las oposiciones. Malabarista, me decía, qué poco sabes y qué bien lo disimulas… es casi imposible no ponerte un notable. El próximo oral, a ver a quién engañas.

Me fui a Alemania y se alegró, pero no me creyó, sabía que no aguantaría aquello. Me enamoré y se alegró, pero sabía que quizá no era para siempre. Me casó, bautizó a mis hijos, casó sin papeles (civiles) a mi suegra, conoció a mi familia y nunca me pidió explicaciones. Una vez le dije: ¿Por qué nunca me preguntas? ¿Para qué? Dios sí cree en ti, es suficiente.

Jesús conocía toda mi vida, nos escribíamos cartas, me contestaba con una paciencia infinita. Dame diez razones por las que debo ser madre. ¿Crees que debería casarme? No me preguntes por la obediencia al marido, sabes que diré que no, y me cambió la pregunta…

Anécdotas. Quién no tiene anécdotas con el mejor profesor de su vida.  Todas eran anécdotas divertidas, conversaciones interesantes, aprendizaje continuo, resolución de dudas existenciales y también materiales. Jesús, hay 8 plazas para Matemáticas y 69 para Preescolar, ¿qué hago? Ser lista, me dijo, y me atiborró de libros, esta vez sí, para ver si me enteraba medianamente de qué era un preescolar y de cómo lo contaba Piaget, ¿quién es ese? No tienes vergüenza, lárgate y lee si no piensas estudiar.

Anécdotas, todo eso son anécdotas.

Cuando me vine a vivir a Sevilla fue por amor. Y nada más llegar a Sevilla me fui a la mierda yo y se fue a la mierda el amor por ese orden (luego volvió, pero eso no es de aquí). Con 25 años algo se rompió dentro de mí y me volví loca (ahora sé lo que era, pero tampoco va aquí). No conocía a nadie, no podía salir a la calle como en mi pueblo, donde yo era yo y mis amigos estaban siempre allí, uno en cada esquina. En Sevilla aprendí lo que es estar sola en el mundo y no me gustó.

Pero la vida es tan vida que trasladan a un dominico al convento de San Vicente y resulta llamarse Jesús Duque. Jesús, ¿puedes venir? Son las seis de la mañana, Lola. Lo sé, pero me estoy muriendo. Cuando Jesús entraba en el apartamento de la calle Paraíso media hora después, mis miedos salían por la ventana.

¿Qué temes? Morirme. ¿Por qué? No lo sé. A la muerte no hay que temerla, es un hecho muy simple y después de ella solo podrá ocurrirte una de estas dos cosas: Que Dios exista. Genial, has pasado a una Vida mejor, nos vemos allí. ¿Pero los mismos? ¿También quieres elegir allí? ¿Hace diez minutos no te estabas muriendo? Y se reía.

Puede ocurrir también que yo esté equivocado y que Dios no exista. Si esto es así, no sentirás nada, no dolerá, no verás a nadie y volverás a sentir lo mismo que sentías antes de nacer: nada.  ¿No te tranquiliza? No lo sé, es que entonces no sentiré nada. ¿No estabas llorando porque sientes demasiado? ¡Fin del problema! Y volvía a reírse.

Otras veces iba yo y dábamos vueltas al patio del convento de la calle San Vicente donde le pedí asilo. Si fueras nene… y tampoco, en cuanto dejes la pena, no habrá quien te ate. ¿Se irá la pena alguna vez? Se irá.

Después vino la Parroquia de San Jacinto, allí bautizamos a uno, en Posadas al otro, se adaptaba a lo que iba necesitando y siempre gratis. Allí fue muy valiente y lo quisieron mucho, pero yo me iba separando porque me separaba de Dios aunque parece que Dios sigue conmigo como decía él. Mira que si al final… y en todo caso, por si acaso.

Terminó volviendo a casa, a Córdoba, allí lo vi la última vez,  y lo vi mayor aunque solo tenía 12 años más que yo y yo miles de cajetillas de Ducados menos.

Jesús Duque Fernández era un ser humano maravilloso, un hombre culto y un religioso honesto que escribía cosas como esta:

En más de una página evangélica encontramos llamadas de atención de Jesús a sus seguidores a propósito de los abusos y falsías de cierta práctica religiosa que los fariseos frecuentaban. El Maestro se encara con la patente incoherencia de los dirigentes religiosos de su tiempo en todo lo que tiene que ver con la traducción a vida de la Ley de Moisés. Un legalismo tan absurdo como opresor, como si al Dios bueno se le pudiera encerrar en dictámenes religiosos externos y al buscador de su rostro en los engaños inhumanos de la pureza ritual o legal. Bueno es marcar los nucleares argumentos críticos de esta página del evangelio para no incurrir en nuestra tozuda repetición de errores al respecto; Jesús de Nazaret, por ello, denuncia la mentira e incoherencia de vida, el legalismo obsesivo y avasallador y, si esto fuera poco, el hiriente exhibicionismo religioso de las autoridades de su tiempo. Todo esto con la guarnición de la vanidad y la búsqueda y/o disfrute de honores que tanto desentonan con el culto que demanda la Buena Nueva de Jesús el Señor, en espíritu y en verdad. El Pueblo de Dios bien haría, por el evangelio y por el servicio humanitario debido a los iguales, reclamar en la comunidad el gusto por la Palabra, fijar la atención en lo que es prioritario en nuestra fe, desterrar la exhibición de no pocas de nuestras liturgias y convocatorias religiosas, llevar los unos las cargas de los otros para estimularnos a una coherencia posible entre hermanos, inmunizarnos contra los privilegios en el seno del Pueblo de Dios. ¿Por qué? El evangelio no da lugar a engaño: porque solo hay un Maestro, sólo un guía, sólo un Padre, y esta es la obligada prioridad para vivir la alegría de ser todos hermanos y disfrutar en comunión con el encanto del servicio. Éste es, hoy también, nuestro honor y la mejor credencial de nuestro perfil de seguidor de Jesús.

O esta, su primera gran batalla en Triana cuando La Corona de la Star, nos reíamos comentando que saldría a porrazos por el Puente de Isabel II.

“No estoy en contra de la celebración, porque soy consciente de lo importante que es para el turismo de Sevilla esta fiesta. Pero me escandaliza lo que hay detrás de todo esto que llaman ‘religiosidad popular’ la “fortuna que se gastan en poner un paso en la calle, cuando hay personas que no tienen cubiertas las necesidades básicas”. Desaprueba las referencias militares en las cofradías o el “anacronismo teológico” latente en la estética de las procesiones en pleno siglo XXI. “Mi Jesús de Nazaret, camino del Calvario, de bordados llevaba poco”. “Entiendo que formas para celebrar la Fe como lo hacen en La Estrella hay un montón de sitios en Sevilla, pero como lo hace San Jacinto a lo mejor no hay tantos”

Honesto, honrado, cristiano de verdad, no soportaba a los meapilas y tuvo los mandamientos suficientes para conseguir su objetivo. Amigo de los pobres y la salvación de muchas prostitutas en La Habana donde pasaba trabajando las vacaciones de verano para salvarlas de la calle. Sigue con tu feminismo, todas las manos son pocas.

Estaría días escribiendo y contando cosas de JesúsDuque, lo que me dijo, lo que le contesté y lo que vino de vuelta… Y por muchas páginas y páginas y más páginas que llenara, solo habría una que dijera la verdad absoluta y tal como fue:

JESÚS DUQUE FERNÁNDEZ ME SALVÓ LA VIDA A MÍ TAMBIÉN

Y LO HIZO MUCHAS VECES

(JesúsDuque murió en mayo pero por alguna razón que desconozco, me enteré hace dos días, así que sumo mi tercer muerto en Navidad y cada año saldré huyendo hasta aquí donde las lágrimas son una gota más y los muertos parecen menos muertos).

 

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Confusa, pero he vivido I

Ahora que mi mente y mi alma empiezan a querer otra cosa aunque sin dejar de amar un pelo lo que tanto amo, a quienes tanto amo, no siento nada feo o catastrófico. Quizá el hecho de considerarse a una misma una persona con suerte que está divina (in divine sens) de la muerte, tenga algo que ver con esta paz que siento teñida de cierta nostalgia, que no tristeza, y que también va llena de posibilidades esperando al final del túnel de la #rnmcongadolinio el hastag que nunca quise escribir (os daré unos consejos en otro momento sobre cómo no acabar con un colocón con la excusa de la claustrofobia).

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El cáncer nos toca a todas las personas, a unas con más saña, a otras con menos y siempre toca a quienes te quieren aunque estén sanos. Pero también nos tocó que nos quisieran, que nos regalaran libros, que el aire enredara nuestra melena en algún acantilado frente al mar metiéndose los pelos rubios en los besos morenos, que te dieran un tirón de orejas por besar con lengua dentro de la Catedral, ¡que me dejes, pero si Dios es Amor!, que unos ojos de niño y después otros dos te hayan mirado como si no hubiera en el mundo nadie más importante que tú es una experiencia que da sentido a todo lo demás.

Quizá tuve que nacer para no perdérmelo.  Me tocó haberlos llevado dentro… y no hay mayor placer conocido ni experiencia más científicamente interesante a la par que sublime en este mundo de horror ético y estético. Mereció la pena pertenecer al club del “sexo débil”, ¡ay, que me parto!, solo por haber podido vivirlo.

Y tantas y tantas cosas…

Y nada, ahora que estoy viviendo mejor que nunca, haciendo de mi capa un sayo como es debido y costumbre, según mi madre, trabajando con gente maravillosa que me ayuda a conseguir mejorar lo que es tremendamente difícil mejorar, pues tengo que seguir aprendiendo a no tener miedo, a confiar en los médicos. O a tener miedo y meterlo en el bolso, pero no quedarme quieta.

Y sobre todo, ahora que estoy viviendo mejor que nunca, he dejado de tener miedo a quienes nunca di permiso para meterme miedo. Qué alegría darte cuenta de que no tienes miedo porque ¡eres una pedazo de tía valiente! digo gritándome en la ducha y  porque llevas todas las de ganar, me susurro embutida en la toalla mientras me seco. Y la verdad es que eso ayuda. ¿El qué ayuda? Pues tener cartas buenas en todas las partidas que tengo abiertas.

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He vuelto, como de pequeña, a aprender lo que me apetece aprender. Qué lujo, ¿eh?  Estoy aprendiendo leyes. Cómo usarlas en beneficio del bien. Por ejemplo, aprender a no consentir, dentro de mi pequeña capacidad de acción, que nadie más nunca pueda permitirse el lujo de dañar lo que no es suyo ni de intentar (conseguirlo es otra cosa) dañarme a mí. Pinta pírrico el volumen de mi éxito, pero son intensas las ganas, está todo en orden y puede ser suficiente (aunque fue sobresaliente lo que nos dieron) para un minimundo.

Y suena tonto, quizá lioso, poco claro, pero no lo es.

Creo que me dará tiempo de conseguirlo.

Y entonces vendré aquí y os lo contaré.

 

 

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Mi marido no se va

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Mi amiga se llama Marotina y es médica. Hoy hemos estado tomando el té. Hay pocas cosas más sanadoras que dos o más mujeres tomando un té en un marco incomparable de los cientos de miles de millones que existen en el mundo.

De los marcos incomparables hablaremos otro día. Se me viene a la cabeza el último que he visitado: la habitación donde se aloja el mamógrafo espAcial que ve hasta la última microcalcificación y lee sus malas intenciones. Es incomparable, sí. No se me ocurre con qué comparar semejante pellizco.

Pues mi amiga hoy necesitaba hablar, y ha hablado.

Lola, yo me casé para no estar sola. Y porque quería ser madre, también. Tuve varios novios antes, muy pocos porque me casé muy joven. Con todos tuve sexo aunque no amé a ninguno, porque me dijeron que el sexo retiene a los hombres cerca de una. Con todos terminé mal, especialmente con el último. Fue todo tan desesperante que intenté suicidarme con la esperanza de que mis padres por fin se dieran cuenta de que yo estaba allí, en su casa. Pero no sirvió y casi la palmo por nada.img_3859-1

Me fui de casa cuando me di cuenta del todo de que nunca me iban a querer. Al menos no como yo quería que me quisieran. Poco tiempo después conocí a mi marido. Parecía quererme. Y quise que se quedara conmigo, me gustaba sentir su afecto, pero yo nunca le quise a él.

Siempre pensé que, cuando se acabaran las ganas de sexo, porque me dijeron que los hombres suelen cansarse de follar con sus esposas, ¿o será más adecuado decir que se cansan del amor?, de hacerlo… no lo sé… bueno, que cuando se cansara de follarme pues que se iría y yo podría quedarme en casa tranquila, con mis hijos, sin él allí sentado esperando que nos vayamos a dormir para hacer sus cosas del trabajo dice, pero yo sé que me miente y él no sabe que no me importa siempre que no venga a la cama a tocarme.

También me casé para ser normal. Porque yo no era normal pero quería serlo. Mi familia fue muy rara y yo no quería ser como mi familia. Así que me casé con mi marido y lo hice con la esperanza cierta de que duraría poco, que se cansaría de mí porque yo me encargaría de que se cansara, y que se iría más pronto que tarde dejándome vía libre para vivir como realmente quería vivir: sola y con mis hijos. Con esa esperanza, ya lo ves, me casé yo con mi marido.

En alguna cosa tuve acierto y es que después de nacer mi hija pequeña se terminó el sexo… ¡qué liberación! ¡qué tranquilidad! ¡qué bien se está cuando no tienes que cargar con las necesidades del otro! Pero algo no salió bien porque algo salió mal.

Algo salió mal porque hace mucho que mis hijos ya no están.  Algo salió mal porque han pasado 42 años y mis hijos ya no están pero mi marido sí. Allí está con sus libros, sus cosas del trabajo, y el fútbol. Si no lee es porque hay fútbol.

Algo salió mal porque han pasado 42 años y no se ha ido, mi marido sigue estando. 

Una lágrima silenciosa, sin ira, bajó por la mejilla de mi amiga Marotina que la pescó con cropped-sandaliassla lengua y me dedicó una sonrisa triste y salada.

Vete, Marotina, vete tú.

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Orgullo de Batman

Estuve tejiendo unas alas. Dos pares. A sabiendas y porque sabía que las iban a necesitar.

Mientras las tejía, veía lejano el día y no pensaba en mañana. Y seguía tejiendo: ve, vuela, corre, coge, salta, escribe, baila, vete, ven, abraza, ama, cásate, no te cases, haz lo que quieras, haz lo que debas, el debe lo pones tú, no los demás, no lo pongo yo.

Llegó julio del 19 más rápido de la cuenta y con más adorno del esperado. Dos en uno. Recuerdo que quería mellizos porque intuía que la trabajera de la crianza sería más rápida aunque fuera más dura. Qué lista he sido siempre.

Qué pronto ha llegado julio del 19. Del kilómetro 6 al 20, el corazón me explota como una bomba de confeti con lágrimas de alegría que riegan La Algaba de paso, que vuelan camino del Hudson y salen de los ojos de la Nuevayó.

Desde Batman al Orgullo, del fútbol a la danza, de las letras al movimiento, las sonrisas más bonitas que jamás se pintaron las he disfrutado yo. Doy mi vida por buena y me declaro una tía con suerte.

Cuánto amor, cuánta vida. 💜💚

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Fin de curso en una escuela pública

Ha sido un año muy interesante el escolar que termina, para mí.

He podido caminar por las calles sintiendo el odio detrás de mis orejas. Pero no me han temblado las piernas como me temblaban hace un tiempo… no, no me refiero a ese temblar de cuando te vi bajar del coche, aquella vez en la puerta del cementerio [por dios, qué cosa más bonita] sino el otro, el temblar feo del miedo que meten, que no dan, los ignorantes de cualquier día, de cualquier lugar, de cualquier vida y tiempo.

He sentido tantas cosas en unos meses que podría resumir mi estado de ánimo como una sensación de terror, inquietud, sequedad en el paladar, ahogo y un pellizco en la parte izquierda del cerebro y es que cuando un problema viene por derecho, no puedes eludirlo: el iPhone plus no cabe en el clutch pa madrina que he visto en Carolina Herrera, ¿y ahora qué? ¿tengo un problema o no tengo un problema? Iguálamelo.

A veces la vida te pega duro.

(Las manos no son mías, yo no sé hacer eso ;))

 

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Porque ya me he perdonado…

…puedo perdonarte a ti.

Para Javier, el padre de mis hijos, muy especialmente. A mis hijos especialmente. A mis amigos verdaderos con amor y a los que alguna vez fueron especiales por un tiempo.

Y no, no he dejado de ser feminista. Porque lo soy cada vez más y mejor, puedo permitirme el lujo de vivir cada día más en paz porque ya no necesito fingir calma, interés en cosas que no me interesan, orgasmos, ser más guapa, más lista o más joven de lo que soy, pero sobre todo ya no tengo que fingir arrobamiento descerebrado porque no me da ningún miedo que te vayas, porque yo estoy conmigo y todo lo demás son regalos y puntos extra que disfruto con intensidad.

Va por ellos pero sobre todo, va por mí.

A mis amigas, las que comprenden y sienten lo que aquí se dice y me han mandado el vídeo, y a las que todavía no lo puedan comprender y, de hecho, les cabree. Tranquilidad, no se ganó Zamora en una hora, ni aunque allí lo hagan dos años antes.

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El desgarro

“Y cuando veo que no puedo seguir soportándolo, aguanto aún un momento más y entonces sé que puedo soportar cualquier cosa…”

Karen Blixen, en Memorias de África.

(Es una película)

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