Bowie ha muerto

Y yo he nacido.

Hoy ha muerto David Bowie. Creando. Ha muerto creando. Se ha muerto estando vivo. ¿Y tú, estás vivo? Probablemente, hoy también hubiera sido etiquetado como TDAH, porque se aburría cuando hacía una sola cosa a la vez. Necesitaba inventar, reinventar, buscar y rebuscar. Starman, ni idea de cuántas veces la escuchamos. Mi hermano me prohibió pedírsela otra vez. Él tenía todos los discos. También Deep Purple, Led Zeppelin, Stones, Beatles, Queen… Freddy se fue dejándonos el regalo de su último disco. El miedo a la muerte presente, la necesidad de la mano que te sujete en el salto final, el abrazo de despedida que a veces no se da, todo es común a todos, todo se puede vivir distinto a todos. La muerte de una madre también.

Hay muchas maneras de llorar a una madre y a un hijo que se va. Si es todo junto, con la guinda final del Bowie  y en fiesta de guardar, cuando finaliza el llanto te dan un diploma y una fregona.
Hay tantas maneras de llorar como maneras de vivir y de morir. La cosa está en que lo llores, porque hay que llorarlo todo, o todo se convertirá en mentira. En una sola semana, quizá en unos pocos días, lo que prometía ser desenfreno y diversión, escritura y sosiego y vuelta al desenfreno, puede convertirse en un dolor tan grande y profundo que el corazón duele físicamente, ¿me entiendes?, sí, es dolor físico, como el dolor de cabeza, pero en el corazón.

El que se va no lo sabe, pero el agujero que se te abre en la tripa, por donde puede pasar el aire, te da frío y crees que te vas a morir. Pero no te mueres. Aguantas el llanto porque te animan a hacerlo, o porque te da vergüenza que te vean, porque ya no vivimos entre gente amiga que te deja llorar, como me dejaba mi abuela Lola, ahora hay que sobreponerse cuando los cadáveres aún están calientes. Y el dolor que ya era enorme se convierte en veneno mortal si no lo dejas salir. No será casual que los hombres (antes) murieran más y mejor del corazón que las mujeres.

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La vida que le dijeron que tenía que vivir se podría definir como una continua espera: a crecer y ser mona, a encontrar un marido adecuado, a los hijos, a los hermanos de los hijos, a nueras, yernos y nietos y las novias de los nietos… debes esperar a que toda esa gente esté bien y ya si eso empiezas a vivir tú. O mejor, hagamos una carrera de fondo con una meta volante cada cien metros con alguna ceremonia en cada una de ellas. Leo que a las mujeres nos han engañado, que no tenemos los privilegios de los hombres ni el reconocimiento que tuvieron nuestras madres. Lo leo en una elegía a una madre. Lo leo y me veo fuera de ahí. No necesito reconocimiento ni lo he visto en los ojos de los hijos de aquellas madres. No son tantas las reconocidas, ni es eso lo que necesitamos. El reconocimiento al sacrificio de una madre debería ser como la caridad: ambas innecesarias. Ni sacrificios, ni caridad. Mejor la justicia.

Muchas muertes en pocos días. Soy una campeona. He tenido ayuda, por supuesto. Tengo un hada madrina. Tengo una mano de hombre. O más. Tengo el corazón de mis hijos. Tengo muchos amigos y amigas. Uno tuvo hasta la mala idea de decirme que le hubiera encantado ser mi madre, sin saber la adolescencia que le di a la pobre… Tengo un trabajo que me encanta y me proporciona el dinero que necesito para vivir bien. Pero sobre todo, me tengo a mí. No lo digo para presumir, porque lo olvido muchas veces. Lo digo porque eso no se lo decimos a las niñas. No se lo transmitimos. De princesa de papá pasamos a reina de la casa sin respiro, a qué te vayas a dedicar para ganarte la vida y crear, no es lo que más importa. Y así pasan 40, 45, 50, 55 y hasta 80 o más años… esperando a los demás. No lo hagas, no te dejes…

También leo, escucho y veo en la publicidad que las mujeres de mi edad necesitamos compresas, cremas para la sequedad vaginal, pastillas para la ¿singanadenáyó?, tranquilizantes para la menopausia, cremas para una lucha con resultado previsible, y un sinfín de tareas e inversiones todas costosas en tiempo y dinero que no son reales. Dicen que somos invisibles, cuidadoras y que estamos mal de lo nuestro. Leyendo todo eso y repasando cuántas de esas cosas no necesito ni me identifico con ellas (tampoco mis amigas) me pregunto porqué nos tienen tanto miedo… Veo a Antonio Banderas, un señor de mi edad que no necesita compresas ni cremas, y me encanta lo que dice, el aire de Málaga es lo que tiene: Hoy comienza la segunda parte del partido de mi vida. Y así me siento yo también.

Hoy ella me está cuidando, por fin, sin angustia.
Hoy ha muerto David Bowie.
Hoy mis hijos me han regalado tiempo, soledad, libertad.
Hoy, ahora sí, y sin esperar a que nada esté donde debe estar…

Hoy empiezo el resto de mi vida y tengo la firme intención de morir creando, aunque no serán canciones.

(Gracias, Ana ;))

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Egoedu, egoland versus humildad y generosidad

Brevemente, necesito escribir así un poco al aire, rápidamente para no mentir, necesito hablar de algo tan simple y complejo como el ego en general y el egoedu en particular.

Como activista eduTIC en recuperación (yo lo dejo cuando quiera) sé que es muy fácil ser capaz de hacer cosas diferentes en el trabajo diario, bien sea en la escuela o pasando revista a los toros que van a matar por la tarde en la Maestranza. Se puede hacer mal, mediocre o intentar algo diferente. En cualquier trabajo, por chungo que pueda parecer, se puede hacer siempre algo distinto.

Hay personas que tienen (tenemos) cierta facilidad para sacar los pies del plato. Yo soy consciente de que mis mejores momentos laborales nunca serán públicos. Estoy contenta por haberlos vivido y sé que la chiquillería, al menos parte de ella, también. Los guardo en el corazón y disfruto al recordar cómo unos ojos se abren mucho al saber que penta es un prefijo griego y que saber eso ayuda en Matemáticas.

He reivindicado collejas para quienes no se reciclan y mano dura en la Universidad, que es un colaero de mala docencia. También de buena, claro. Y reivindico evaluación y carrera docente porque no me asusta que me evalúen (el año pasado me evaluaron y me sentí bien) y porque no quiero ganar lo mismo que la maestra-maestro que ven elsálvame por la tarde. Pero de ahí a creerme Tonucci va un abismo. De ahí a creer que los demás no pueden aportar nada, va un abismo. De ahí a sobrevolar al prójimo, o a la prójima, va un abismo. De ahí a creerme inmortal, omnipotente o infalible, va un abismo.

Ahora estoy expuesta. Me siento como en un escaparate donde el juicio y la condena, el diagnóstico, son suyos. Incluso si es a favor, que abundan, es suyo.  El suponer que saben lo que pienso, lo que siento y el por qué de mis decisones, es lo que hay en sus cabezas, independientemente de que acierten o no, que no suelen acertar. Básicamente, es lo que hay. Acepto la vulnerabilidad, acepto que lo que hacen los demás (incluso los ataques gratuitos y el daño) no es personal, es cosa suya, fruto de sus propias experiencias vitales, y no me ocupo de eso. Pero soy consciente del daño diario a la escuela y sus habitantes.

Hay algo que me cuesta cada vez más y es ver como algunos profesionales de la educación, de la presuntamente buena educación, nos creemos por encima del bien y del mal. Embutidos en una nube de egocentrismo, con las gafas de este señor del vídeo, creemos que el bienestar y el futuro del mundo está en nuestras manos. Unas manos que, a pesar de lo que pudiera parecer, comparten poco. O nada.Y puede que no siempre estén tan pulcras como debieran.

Mis manos son muy independientes, no voy a presumir de ONG con falda. Pero creo que si no hay trabajo en equipo, que no en grupo, esto no furula. Da igual qué pila de buenas ideas tenga yo, y da igual que Wert, antes de recoger el premio a la mediocridad que en este país se suele dar muy a menudo, me haya dejado poder absoluto sobre 43 profesionales, casi 800 alumnos y alumnas y sus familias, qué burrada.

Estos pies y millones como ellos, son lo único realmente importante del sistema educativo.

Estos pies y millones como ellos, son lo único realmente importante del sistema educativo.

Si no hay voz para todos, manos trabajando enlazadas, buenas prácticas compartidas, mucha, mucha, mucha humildad, aceptación de que todo el mundo tiene algo que aportar, si no hay generosidad, no tengo nada, cualquier proyecto fracasará. Todo esto lo conozco desde hace mucho, me cuesta practicarlo y tenía la certeza de que ocupar la Dirección del colegio temporalmente (nada es para siempre, no quiero ni debo olvidarlo) me ayudaría a aprender que soy una hormiga, una más y que sola no voy a ninguna parte. Por muy lista que sea, por muy poco que me cueste correr y sabérmelo casi todo creyendo que soy “La Profesional”, digamos en modo Corintios:

Si no tengo amor, de nada me sirve hablar todos los idiomas del mundo, y hasta el idioma de los ángeles. Si no tengo amor, soy como un pedazo de metal ruidoso; ¡soy como una campana desafinada!

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Estimado señor

Estimado señor Dos,

No necesita pavonearse delante de mí. Quiero decir que el esfuerzo es inútil. Le he visto hacer cosas ridículas y demasiadas barbaridades por robarme un beso. conozco sus miserias como usted alcanzó a sospechar las mías y créame que me enamoraron mucho más que su impostura y su lenguaje de ahora… No, no he venido a reñirle. Ni a reclamar. No hay qué. Solo corrí para frenarle por miedo a que, mostrándose fino y elegante, haciéndose usted el interesante, acabara por mostrarme al que no tuve la mala suerte de conocer. Corrí a frenarle porque sé que no me gusta usted peinado. Ni vestido como suele ir, que no parece idea suya.

Corrí a decirle que no insista. Ya sé que a veces funciona, pero esta vez ya no. Después de haberle visto como a los pavos del Alcázar siento la absoluta necesidad de decirle que este que usted nunca será,  no alcanza en mérito para ser amado al que no saben que yo vi. Desde esta nueva ciudad adonde vine huyendo, el que fue y yo le decimos hasta nunca y buena suerte. Ya no confiamos en usted.

Para los seguíos #gomamilandetodalavida Para los demás, besitos #murakami #güerve #mindfulneando

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La familia española

Hoy ha sido mi santo como cuando era pequeña, que lo celebraba con mi abuela Lola el 15 de septiembre,  y el trabajo que desempeño me ha regalado un sinfín de oportunidades de aprendizaje en una sola mañana y he de decir sin que le importe a nadie, que aunque cuesta mucho desaprender cosas de cuando eras pequeña, voy dando pasitos. Claro que no me sale muy bien, pero estoy muy orgullosa de los resultados que se van viendo poco a poco. No me refiero al colegio, que también, sino a mí. Lo que antes vivía como agresiones y me hacía desufrí, ahora lo vivo como: aprendes o aprendes. Y, desde luego, me pongo en los zapatos ajenos de quien agrede  y siento su sufrimiento, porque si no se está sufriendo, si se está bien consigo y el mundo,  es imposible que te salga hacer ciertas cosas.
 
Ah, claro, desde fuera no se ven los avances (mi amiga Piti siempre me los ve, por cierto). Sin embargo, cuando trabajamos este aspecto en el aula, le digo al niño o niña que tengo enfrente: “¿Tú lo ves? ¿Sientes que te enfadas menos? ¿O que te dura menos? ¿Quizá sales antes de la trampa que te tienden los manipuladores? ¿Tienes menos miedos? ¿Vas aprendiendo a distinguir el grano de la paja? ¿Empiezas a no dejar que la gente ocupe tu sitio sin permiso?” y lo hago mientras les pongo la mano en la barriga y respiramos, venga, más despacito, no te preocupes, respira, respira, respira…  y procuro usar palabras más asequibles pero que no devalúen su inteligencia y capacidad de discernimiento que, cuando se trata de sentires, los tienen muy claros hasta que llega el adulto de turno a capárselos: “no sientas eso, que queda poco cool”.
 
Pues si tú lo ves, es que es. Lo que sí hay que hacer, claramente, es ponerse a salvo, cuidarse. Preguntarse cada mañana: ¿Cómo estás? ¿Qué necesitas? ¿Qué quieres para hoy? … Y buscarlo sin pisotear a nadie y sin dejarte pisotear. Ocuparse de una misma no es robar la paz a nadie. No ocuparse de las vidas ajenas es, entre mil cosas más, muy saludable, y un detalle de buena educación. Pero sobre todo, un alivio.Y son dos deportes poco practicados y por tanto, poco aprendidos en directo, que es como mejor se aprende. En mi casa había dos patios enormes y ningún balcón a la calle, y eso no me cabe duda de que me ayudó a conseguirlo sin esfuerzo. Me importan un comino los asuntos particulares de la gente salvo si es por estudio socioantropológico tipo “¿Por qué te acuestas con otro si tu marido es ideal?”, y cosas que llaman la atención por no llegar a comprenderlas.
 
Lo más importante que habría que hacer llegar a nuestros niños y niñas, antes que el libro de Goleman, sería una familia respetuosa. Que respete las individualidades, que en Reyes echen los juguetes que se piden en la carta a SSMM o que, en todo caso, asuman los padres la culpa y no se la echen al pobre Baltasar; lo que viene siendo no prometer lo que no se va a cumplir. Una familia que no recorte más que el gobierno, éste o el otro. Una familia que dé ejemplo de elegancia y saber estar, que enseñe a respetar al otro, a la otra… Y después, ya nos ponemos con las regletas.
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Un año de amor (II)

Cuando hasta a mí me sobran las palabras porque, al ver este vídeo, como a tantos maestros y maestras del mundo malmirados muchas veces, se me caen las lágrimas a chorros y no distingo la ilusión, las ganas, el empeño y la no rendición, del cansancio. No dejo de preguntarme ¿cómo hemos sobrevivido a un año tan duro y tan bonito?

Gracias a David, a Carmela, a las muy especiales, a las que hemos podido conocer por dentro, algo muy necesario, y a toda la comunidad educativa del colegio. También a quienes nos dijeron que esta semana sería un fracaso y han sido capaces de reconocer su tremendo error ;P

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303 pasos de los míos (día II)

Día 2. Primera levantá. Laudes.

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Desde la ventana se ven venir las nubes por Huelva, como siempre.

A las 7.30 suena el despertador y me pregunto qué me lleva a hacer las cosas que hago. Pero me levanto sin hacerme caso, que ya me lo sé, y miro por la ventana. Ains. Me recojo el pelo y a juí, ¿quién se va a dar cuenta? Como decía Coco Chanel, vístete cada día como si tuvieras una cita con tu peor enemigo. El hermano hospedero, que discute con el hermano mayordeedad sobre si hay que hablar o no de las cosas del mundo. Cuatro generaciones de hombres-frailes conviven aquí. Pues él se dio cuenta: “No te reconocía con el pelo así, ayer lo tenías todo bonito, ¿por qué lo escondes?” Vale, anotado. Hermano, ¿el trabajo en qué consiste? Pues el tuyo consiste en descansar, e intentar ser buena (risas) y nosotros lo mismo de todos los días. Yo es que he venido a estar callada. Bien, pues calla entonces, yo no te pienso hablar. Se ríe y se aleja caminando como si bailara.

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Poniendo la mesa.

Entran en la capilla, como siempre, en silencio, chorreando paz, pero sin hábito. Gafas de motero uno, camiseta de propaganda otro, polo rosa un tercero, floripondios en la camisa, polo negro de marca #amímencantanesospolos el prior, qué guapos están casi todos los hombres con un polo negro, el prior también, otro con camisa azul con manga remangaíta como de la calle Sierpes lado afortunado, #túyasabes. Francamente atractivos varios de ellos. Las fotos de la web no están actualizadas, no los busquéis. Mientras mi cabeza intenta averiguar qué pasa aquí, suena el toctoc y a rezar. Busco en el libro y esta vez sólo me pierdo algo menos de la mitad de las oraciones y cánticos diversos.

Después de laudes, gracias siempre, nos vamos al desayuno y allí me entero de que los jueves tienen el día libre. Más informal que las comidas, autoservicio, si sobró pan, pues pan de ayer, sardinas en aceite, fruta, mantequilla y café. Hay también cereales, leche, infusiones, ¿y el cola cao? Y puedo tardar lo que quiera en comer, bendito sea Dios. Me limito a la fruta y el pan de siempre, por si acaso.

Cementerio en el jardín, rodeado por las ventanas y puertas del claustro.

Cementerio en el jardín, rodeado por las ventanas y puertas del claustro.

Al terminar el desayuno decido explorar el entorno, hoy no hay visitas culturales, que están holgando, y que no es moco de pavo visitar todos los caminitos que nos rodean, no hay manera de combinar ambas actividades sin perder la paz que he venido a buscar. Mucho que ver, mucho que andar, muy fácil de hacer todo desde el monasterio. Mucho turista.

Empiezo por el patio después de medir los pasos del claustro, y descubro el cementerio, vaya lujo, se ahorran la pena negra del tanatorio. En su casa, como debe ser. Claro que no todos tenemos un jardín así, ni queremos alimentar las plantas de cuerpo entero, sino siendo espurreados desde algún cenicero. Me entretengo haciendo cuentas con los números de las lápidas y deduzco que no hay centrales ni cementerios de residuos nucleares cerca. También me acuerdo de mi oculista: ¿este año te vas a comprar las gafas o tampoco? Prometo que me las compraré, en cuanto pueda y tache las prioridades de la lista de prioridades. A lo que iba. Mueren muy mayores. No me extraña. No les da el sol de pleno, no tienen familia gritona, no tienen hipoteca ni la quieren, ni se casan ni se divorcian, no se tienen que desplazar a los cementerios ni siquiera para que los entierren, lo mismo les da el hábito que el polo, llevan cada día los mismos zapatos y no se cabrean por comer fatal. El sonido del agua de la fuente central les acompaña y dan ganas de quedarse allí un buen rato. He dicho rato, que el de Arriba escucha y concede casi todo lo que pides. Ojito con eso. Yo pedí hace un tiempo que un tipo listo me quisiera y lo conseguí. Con los cementerios no quiero nada, salvo pasearlos y eso.

Por la puerta de la derecha salen señoras fantasmas ;)

Por la puerta de la derecha salen señoras fantasmas ;)

Subí a por ropa adecuada para caminantes, esto no lo hice bien, no esperaba este entorno y no vine del todo preparada, y al salir por la “puerta bajita” al claustro me di de bruces con los ojos muy abiertos de un niño de unos 9 años que jugaba dando saltos de piedra en piedra, y se quedó de ídem. “¡Ay!” ¿Cómo has entrado ahí? ¿Qué hay ahí dentro?” (pausa y escudriñe lento) … …  “Tú no eres monja. ¿Puedo entrar?”. “Estoy viviendo aquí tres días, no soy monja y ven, que te lo enseño”. La madre viene a reñirle por molestar, le digo que no me molesta, le dice que no me interrogue… y me interroga ella. En fin… Hago como que soy broker neoyorkina estresada y no maestra, que aquí no he venido a discutir, y se lo cuento todo… mirando al niño. Qué señoras más pesadas las madres. Yo también, claro.

Hotel con presunto encanto. Están de obras, habrá que ver.

Hotel con presunto encanto. Están de obras, habrá que ver.

Al salir del monasterio, a la derecha, están las obras del hotel que vendré a visitar cuando lo terminen. Un paso de peatones te lleva al Puente del Perdón y al camino hasta las Presillas, que visitaré al día siguiente. A la izquierda, la finca Los Batanes, que alberga el Bosque Finlandés y un albergue juvenil muy interesante para la chiquillería. En paralelo a la carretera, muy bien hecho y protegido, hay un camino peatonal para ir hasta el pueblo, Rascafría, donde descubrí la chocolatería más chachi piruli del mundo, y quedé con el dueño en volver el sábado a por mi pedido, que en el monasterio no tengo un sitio donde guardarlo sin que me preocupen los bichos, ni quería ir al pueblo en coche porque me sentiría culpable hasta el dolor. También estaba el peligro de que el silencio, el Zen, el cierre de la habitación a las 22:00 y algún detalle más, me obligara sin querer a zamparme la compra sin miramientos. La gente que somos de placeres, tenemos poca voluntad.

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Cero dificultad. Hay muchos bancos y sitios donde resguardarse si llueve. Y sombra, todo es sombra :(

El viaje andando al pueblo se me queda corto. Muy corto. No hay ni dos kilómetros. Pero hay chocolate. Y fiestas de la Virgen. Misa a las doce. Me cruzo con una señora y me viene la abuela Lola a la cabeza. No puedo separar la Iglesia de mi familia y de mi infancia, está todo enmarañado, enredado, sujeto con pegamento del que no puedo usar porque soy una manoplas y se me quedan siempre los dedos pegados. 
 
Vuelvo por donde he ido y se me queda corto otra vez, ¿ya estoy aquí? Entro en el arboreto Giner de los Ríos que está enfrente. Tengo un amigo muy listo, listísimo, que tiene el carnet mensa y todo y que lo sabe todo, todo, menos los nombres de los árboles. Y que se acuerda todos los años de mi cumpleaños. Dice que aprender de árboles es muy complicado.

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Sin caeite de palma ni porquerías añadidas.

 

Aquí me acuerdo de mucha gente, de muchas cosas. Mi cabeza escribe historias por el camino y las olvido en cuanto las “escribo”. Algunas son muy buenas y me da pena, otras me hacen reír, pero sé que es mejor que las olvide todas, y las olvido. Por eso no se las puedo mandar, porque las he olvidado, aunque me acechan debajo del flequillo.

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Cultura y práctica digital (I)

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Arte en las redes, por ejemplo.

Copypasteo un poquito retocado lo que escribí anoche en Facebook. Lo escribí porque se mofaron de mí y mis cosas y además lo hicieron de manera sibilina, como sólo las mujeres (educadas en el sexismo chungo) que nos creemos mejores que los demás, sabemos hacerlo: sin que lo parezca. He de decir en mi favor, que lo que pasó por mi cabeza fue: cuidao la tía esta, últimamente la veo desencajada, pobre… y sentí compasión. Ni ira, ni enfado, ni sufrimiento inútil.  Fue un pensamiento legítimo por incontrolable, pero que de ninguna manera escribiría para hacerle daño, ni siquiera para darle “un toque”, algo muy de moda entre “amigos”. ¿Quién soy yo para dar toques a nadie? Bastante tengo con darme los míos cada mañana a mí misma y con saber que así me ve mucha gente a mí también (algo de lo que por cierto, no me hago cargo, no es asunto mío). Digamos que los únicos toques que admito (en las redes) son los de señores guapos, autónomos económica y emocionalmente, y que me invitan a café, porque me encanta decir que no. Pero de presuntos amigos, nanay, me aburro, ya practicaron conmigo lo suficiente de pequeña y de mediana, como para llevarme al hartazgo y la rebeldía, algo que cansa mucho. Paz, sólo admito paz. Vale, y algún café.

Sin embargo, también me pasó otro pensamiento por la cabeza, así en general, en plan 2015-08-05 16.21.48“qué mal estamos los externos”… Y de ahí a la Escuela siempre me queda un salto chiquito. La Escuela es ese sitio donde te putean después de haberte puteado en tu casa, y en ambos casos no puedes quejarte por: a) ellos son más fuertes y b) lo hacen por tu bien y, empeorando mucho el cinismo, lo hacen por amor, ¿cómo vas a protestar?  Y de ahí a revisar lo que voy a trabajar en la nueva asignatura, un paso. Porque en este currículo escrito por gente a la que quiero mucho y en la que confío (perfectos no son, lo siento, pero me fío), dice cosas que no encajan con lo que los adultos practicamos. Si eres padre o madre de chiquillería en edad, yo lo leería.

Lo que escribí fue:

Yo no me lo creía antes, pero es verdad que en Facebook se hace daño, se juzga, se condena, se ríen de una (o de otra) y se aprende mucho también.

A mí me encantan las redes sociales, quiero mucho cuando quiero, que no es a menudo ni a mucha gente, y soy muy seca de carácter, pero no me suelo reír de nadie, ni ironizar sobre sus cosas. Menos aún, utilizar la posible información que aquí pueda ver (o en otras redes), en su contra. Suelo cuidar los comentarios a los hombres que tienen pareja, para no molestar a su pareja. Los comentarios que puedan afectar a terceros, o dejar en mal lugar a mis amigos, no los hago. Y aún así, ojo, se puede meter la pata (especialmente si reírte de casi todo es tu modus vivendi original y la gente no entiende o no acepta tus ironías y/o bromas).

Si alguien no me gusta, no lo leo. Debería empezar también a no permitir que me lea cualquiera. Lo he anotado en la libreta de papel donde voy apuntando lo que vamos a estudiar este año en la nueva asignatura, Cultura y práctica digital, que estrenamos en el Estado Andaluz este próximo curso. La chiquillería debe saber qué escribir y qué no escribir. Y que cuanto mayores sean, más cuidado han de poner en lo que escriben, y en cómo tratan a los demás. En las redes, y fuera de ellas. A más edad, más ridículos se ven cuando se ríen de los demás.
Personalmente, los niños y niñas que machacan a otros, o se ríen, los ningunean, etc., aunque sea en plan “leve”, pasan conmigo una buena temporada, prioritariamente escribiendo sobre sí mismos. No me acaban de caer mal, pero me cuesta a veces apreciarlos del todo, el prejuicio por lo que les he visto hacer me coloca en mal lugar y me obliga a ponerme en sus zapatos. Pero cuando lo veo en personas adultas, con licenciaturas de ringo rango a veces, con una cultura general que supongo que la tienen pero que, sobre todo, les sirve para tapar los agujeros emocionales (sin bromas, que os veo venir) y la falta de autoestima, a costa de ningunear a los demás, o de hacerles ver que saben menos, me asusto. Eso es, me asusto. ¿Cómo vamos a cambiar el mundo con estos mimbres? Si los jipis actuamos como basura, ¿qué podemos esperar de los carcamales? Y estos son los modelos que abundan en esta nuestra comunidad de vecinos y vecinas, que es la sociedad occidental, oriental y medio pensionista. Porque yo soy separatista andaluza, pero tontos habemos en todas partes, la verdad.

Aquí (en FB) escribo, difundo, leo, digo tonterías, gasto bromas, guardo sitios que mis amigos visitan, por si algún día yo puedo ir, me sorprendo con cosas que leo y que no esperaría de personas con estudios y presunta bondad natural, pero no digo nada.

A veces me he enfrascado en debates inútiles con gente que, como yo, ya estaban es posesión de la verdad, con lo que aprendí a evitar los susodichos debates, porque no queríamos debatir, sino ganar.

Pero no recuerdo haber ridiculizado a nadie. Y mira que se me daría bien… Recursos irónicos, habilidad, velocidad e información, no me faltan. Pero no tengo mala leche, soy en general una mujer casi feliz. Así que no lo hago. Según mis estudios, la gente que hace daño y se ocupa de los demás en Fb, es gente con demasiado tiempo libre o que querría estar en otro sitio distinto al que está.Aquí valdría el modelo “la vieja del visillo”.  El otro caso es que alguien te caiga mal, pero eso con dejar de seguirlo debería bastar.

Me da mucha alegría cuando aparece algún amigo o amiga de la infancia y veo que están tan guapos como siempre, y que se acuerdan de mí. Eso me lo ha traído este chisme. Agradecida.

Tenemos asignatura nueva y va de identidad digital, herramientas 2.0, gadgets, va de trabajo en red, cooperativo, va de diferenciar un navegador de un buscador, que los nativos digitales no saben diferenciarlo, salvo si tienen una madre redicha y maestra, o similares.

Esta asignatura nueva va de, cómo no, netiqueta, robótica, gamificación y competencia lingüística para moverse bien en la maraña que les toca vivir.

Pero en mis clases, sobre todo, va a ir de buenas maneras, de buenos tratos, de respeto. Voy a intentar hacerles comprender que reírse de otros no les convierte en mejores, menos aún si lo hacen escondiéndose detrás de una pantalla, o de una excusa. Menos aún si lo hacen cuando ya son mayores, cuando crean saber mucho de muchas cosas. Nada que estudien les servirá si no son buenas personas, incluso cuando nadie les vea, cuando no haya aplausos. También les enseñaré a no creerse los aplausos.

Intentaré buscar ejemplos prácticos, digamos un entrenamiento, que nos ayude a ver nuestro propio ego, nuestra propia miseria, antes que la de los demás, para aprender así a usar la tecnología para el bien propio primero, y el común después, y no perder el tiempo viviendo vidas ajenas mientras la propia se va por el desagüe más feo y apestoso del Fb, por ejemplo.
Valdrían igual otras redes, pero esta es más fácil de “analizar”.

Va a ser un año muy interesante. Espero tener salud para poderlo disfrutar y seguir aprendiendo.

Y a quienes me echaron flores en Facebook por este comentario, decirles que sin el equipo que andamos trabajando gratis, libres y porque sí, en la sombra y en red, yo no sabría las cosas que sé. Normalmente hablamos de las cosas negativas de Internet, asustamos a la chiquillería con amenazas y no es este el enfoque que yo quiero darle. Ya participé con Mariano Hernán de coordinador y Aníbal, Fernando, Gregorio, Diego, Guillermo, Rosa… en proyectitos que chiquitos ellos, hablaban de algo tan importante como ver el lado bueno de la vida: ¿Cómo puedo usar Internet, los portales y las redes sociales para que mi vida y mi trabajo sean mejores? (A los malos sólo les concederemos audiencias como ésta, y además lo haremos para aprender, si acaso, lo que no es. Dato innecesario cuando sabe bien lo que es bueno para ti y los demás).

(Articulillo corregido y aumentado. Por mejor escrito, se lo dedico a Pedro Quílez y por largo, a mi amiga Rafi Rumí, una de las amigas de la infancia que me ha devuelto Facebook ;))

2015-08-26 18.09.38-1

Cuarto regalo que recibo por ser “buena” en las redes y fuera de ellas. Los aplausos no me llegan, los berridos tampoco; los libros y los cuadros, sí.

P.D. Mi Instagram es privado (semi) porque a todos nos gusta tener un sitio de recreo donde poder desbarrar con algo más de relax de lo habitual. Y en cuanto tenga un rato lo limpio de niños y niñas de los que te pinchan la pelota si no juegas con ellos. Algo que también explicaré en clase: no es obligatorio contestar, admitir ni relacionarte con quien no quieras. Ni un besito a la fuerza. Con todo esto resuelto, las raíces cuadradas las aprenden solos ;P

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