¿Cueces o enriqueces?

Hoy han operado a un hombre al que quiero mucho. Le han quitado su vejiga estropeada por el cáncer y le han hecho una nueva con su propio intestino.

Digamos, a grosso modo, que le han regalado unos años de buena vida a partir de un estudio adecuado, un plan de trabajo serio y una sabiduría que emana de una única fuente: el trabajo constante y serio, la valentía y la entrega de quienes investigan sin descanso para cambiar las cosas y el mundo.

Desde las ocho de la mañana hasta las tres de la tarde van siete horas de quirófano. Hasta llegar a poder hacer semejante obra de arte, las horas de investigación y estudio y la coordinación (no hace falta quererse) del equipo han sido muchas, muchas, muchas. Coinciden las horas de operación con el horario de cualquier mañana en cualquier oficina de lo que sea, especialmente de consejerías, delegaciones y demás sitios, también importantes, pero menos trabajosos y, sobre todo, con mucho menos riesgo.

No sé si los cirujanos consideraron imprescindible, inviolable e innegociable su hora del café de las diez con tostada de aceite y jamón. Parece que no, porque el paciente está vivo. ¿Te imaginas a Pasteur dejando su trabajo tirado porque sonó el timbre o poniendo pegas a estudiar o investigar un poquito cada día? ¿Te lo imaginas presumiendo de hacer lo mínimo porque lo dice su sindicato? ¿Buscamos la vacuna contra el SIDA de nueve a dos y cuando podamos porque lo primero es … lo primero de él?

Mientras pensaba emocionada en los médicos, sus manos y su afán, feliz de saber que estará bien, me preguntaba qué sería de las instituciones educativas si se llenaran de profesionales que antepusiera los principios a las personalidades…

Publicado en Amor del bueno, Escuela, Glamour, La buena educación, Mujeres, Mujeres y Hombres, Profesional, Uncategorized | 3 comentarios

The show must go on

A veces, cuando estoy en la cocina haciendo cosas ricas, ricas, que las solteras sibaritas nos cuidamos mucho, me acuerdo de ellos y caigo en la cuenta, casi de repente, de que ya no volverán. Entonces, sin que yo pueda opinar, una lágrima gorda, muy gorda, me sale del ojo derecho y cae en la teta derecha. No sé el motivo de que sea siempre ese lado. A partir de la primera, salen dos más y empieza el izquierdo. Y hala, a chorros. Casi sin tiempo de ponerme el chubasquero ni de digerir una cosa, sale otra: una gran, amplia, sentida y profunda sonrisa. Algo dentro de mí sabe que todo está bien, que ellos están bien, que lo hicimos bien, Javier, que salió mejor de lo esperado, que son dos hombres buenos y que ya no nos necesitan, salvo para los abrazos que nos dan, esos abrazos largos, intensos, llenos de amor por quienes somos tal como somos. Nos quieren tal como somos, “cien veces que naciera, cien veces elegiría a mi padre”, me dijo, ¿sabes lo que eso significa?

A veces, paso por sus dormitorios, las puertas abiertas, todo en su sitio. O casi. Y no me pasa nada. No quiero ordenarlo todo aunque confieso que me encanta tener la ropa sin amontonar, los libros en su sitio y las camas habitables. No parece, aún así, que se hayan ido. Donde viven no tienen sitio para el cuadro de la camiseta de Alfonso, el de Michael Jackson y los trofeos patateros de golf, deporte de viejos al que les apuntaste hace ya dos mil años, que han pasado volando. Así que exceptuando que escribo desde la mesa de Carlos, mirando el pruno llenarse de florecitas y meterse casi por la ventana, no ha cambiado nada. Sin embargo, cuando abro el cajón enorme de mi inmenso muestrario de tuperwares y lo veo diezmado, lloro. Y no es por los tuper, que también.

A veces, me pregunto porque la gente me lo pregunta y porque con la vida que llevo yo no me acuerdo, si el nido está vacío y si yo tengo un síndrome y, una vez más, como los calores de la menopausia, no encuentro esas cosas chungas que me dicen que debo tener debido a mi edad y circunstancias: ni el nido está vacío, ni yo tengo pena, ni el calor me ataca salvo cuando salgo a hacer deporte. Claro que me hago vieja y lo voy notando, pero lo hago como casi siempre, my way… y hasta aquí te voy a contar, que no es plan.

A veces, se me pasa por la cabeza que igual soy una mala madre, o medio mala, porque no siento nada de eso depresivo que debería sentir. La tristeza no me deja inhábil, ni siquiera es tristeza. El miedo a sentir la soledad sólo lo he sentido cuando vivía con gente (ellos no son gente, ya sabes). Siempre me ha gustado hacer de mi capa un sayo y hace mucho que sé que la soledad temida no es física y que, cuando la sentí, nada tenía que ver con la gente que me rodeaba. Me encanta levantarme y que nadie me pida nada, no sentirme obligada a nada y desayunar cuando me apetece, no cumpliendo en absoluto el horario que se estima saludable. Sé que disfruto de esas cosas porque no estoy sola. No me siento sola, no me falta nada y, encima, sé que están ahí. Ellos y alguien más.

A veces, sólo algunas veces, estos últimos días, tengo miedo. Ya he perdido a algunas personas a las que quería. Desde diciembre no puedo decir que esté viviendo un momento dulce y espectacular. Muerte, enfermedad, más muerte y más enfermedad me rodean como a muchas personas en el mundo, y parece que eso va a ser a partir de ahora más frecuente de lo deseado. Los cementerios me siguen gustando, pero en distinto. No pasa nada, se trata de vivir, crecer y pasar a estado gaseoso, en el peor de los casos. Lo que me da miedo estos días no es eso. Ni siquiera creo que sea miedo lo que siento.

En cualquier caso, ante ese miedo a perder-te, he sentido algo nuevo  que no conocía: la conexión intensa, inmensa, que me une a ti, independientemente de nosotros. Con la de collejas que te daría por mil motivos. O patada en los cojones por otros, que también. Y viceversa, ya lo sé. Pues sí, he sentido algo nuevo, como te decía, intenso, inmenso, indestructible. Hay dos lazos que me unirán a ti por los siglos de los siglos, que tienen nombre propio. Y otro lazo más que pongo yo y que es el infinito agradecimiento que siento por empeñarte en que fuéramos padres, por creer que yo era capaz de hacerlo bien o, en todo caso, por la inconsciencia de creerlo. Y por no dejarnos nunca.

¿Te acuerdas cuando me cabreaba porque en la escuela se hablaba mucho de los problemas de la chiquillería porque sus padres estaban separados? Yo, que sé que no es necesario un divorcio para vivir un infierno de abandono, confiaba en mí y confiaba (menos, pero algo es algo) en ti, en que siempre íbamos a estar presentes, y que eso era suficiente para nuestros niños. Yo viví el divorcio como un regalo, como una oportunidad de hacer las cosas mejor. No me equivoqué. Nunca me he sentido sola a pesar de los momentos difíciles. Siempre venías cuando te tocaba, y cuando no. Ahora que los necesitas tanto, se muestran cada uno como es: uno presente, cuidando, estando en todo; otro, preguntando, asumiendo y sobre todo, agradeciendo a su hermano lo que hace por él. No hay facturas, no hay debe ni haber, ni preguntas, ni rendición de cuentas. Es imposible que sienta yo vacío alguno ante tan magnífico espectáculo.

IMG_9285Ese sentimiento, unido al amor por mis hijos y su libertad, llena mi casa y por eso no hay aquí atisbo de síndrome vacío. Hay felicidad, tranquilidad, sosiego, ausencia de expectativas, puertas abiertas, respeto y muchas ganas de vivir (bien, course). Siempre lo he intuido, desde muy pequeña, quizá demasiado pequeña, que el amor que presiona, acota, miente, manipula y te pone en peligro es todo, menos amor. Y de todo eso nos hemos liberado (aunque a veces el bicho asome, que mojigatos y perfectos no queremos ser, ¿verdad?). Ese sentimiento que esta semana me has despertado, que no sé cómo llamar y que no está en el catálogo de las familias de bien, me ha dado la respuesta al dilema: no hay vacío, no hay miedo. Hay amor.

Ponte bueno, que tenemos al chico en Madrid.

(Compartir vivencias puede servir a algunas personas a no desesperar. Cada día se rompen parejas, tengo trato con ellas a diario, pero no tiene porqué romperse una familia, es un simple cambio de estado. Sólo hay una cosa que hacer para que todo salga bien: renunciar a ganar)

Publicado en Amor del bueno, La buena educación, Personal, Uncategorized, Vida | 7 comentarios

Bowie ha muerto

Y yo he nacido.

Hoy ha muerto David Bowie. Creando. Ha muerto creando. Se ha muerto estando vivo. ¿Y tú, estás vivo? Probablemente, hoy también hubiera sido etiquetado como TDAH, porque se aburría cuando hacía una sola cosa a la vez. Necesitaba inventar, reinventar, buscar y rebuscar. Starman, ni idea de cuántas veces la escuchamos. Mi hermano me prohibió pedírsela otra vez. Él tenía todos los discos. También Deep Purple, Led Zeppelin, Stones, Beatles, Queen… Freddy se fue dejándonos el regalo de su último disco. El miedo a la muerte presente, la necesidad de la mano que te sujete en el salto final, el abrazo de despedida que a veces no se da, todo es común a todos, todo se puede vivir distinto a todos. La muerte de una madre también.

Hay muchas maneras de llorar a una madre y a un hijo que se va. Si es todo junto, con la guinda final del Bowie  y en fiesta de guardar, cuando finaliza el llanto te dan un diploma y una fregona.
Hay tantas maneras de llorar como maneras de vivir y de morir. La cosa está en que lo llores, porque hay que llorarlo todo, o todo se convertirá en mentira. En una sola semana, quizá en unos pocos días, lo que prometía ser desenfreno y diversión, escritura y sosiego y vuelta al desenfreno, puede convertirse en un dolor tan grande y profundo que el corazón duele físicamente, ¿me entiendes?, sí, es dolor físico, como el dolor de cabeza, pero en el corazón.

El que se va no lo sabe, pero el agujero que se te abre en la tripa, por donde puede pasar el aire, te da frío y crees que te vas a morir. Pero no te mueres. Aguantas el llanto porque te animan a hacerlo, o porque te da vergüenza que te vean, porque ya no vivimos entre gente amiga que te deja llorar, como me dejaba mi abuela Lola, ahora hay que sobreponerse cuando los cadáveres aún están calientes. Y el dolor que ya era enorme se convierte en veneno mortal si no lo dejas salir. No será casual que los hombres (antes) murieran más y mejor del corazón que las mujeres.

Captura de pantalla 2016-01-12 a las 00.30.22

La vida que le dijeron que tenía que vivir se podría definir como una continua espera: a crecer y ser mona, a encontrar un marido adecuado, a los hijos, a los hermanos de los hijos, a nueras, yernos y nietos y las novias de los nietos… debes esperar a que toda esa gente esté bien y ya si eso empiezas a vivir tú. O mejor, hagamos una carrera de fondo con una meta volante cada cien metros con alguna ceremonia en cada una de ellas. Leo que a las mujeres nos han engañado, que no tenemos los privilegios de los hombres ni el reconocimiento que tuvieron nuestras madres. Lo leo en una elegía a una madre. Lo leo y me veo fuera de ahí. No necesito reconocimiento ni lo he visto en los ojos de los hijos de aquellas madres. No son tantas las reconocidas, ni es eso lo que necesitamos. El reconocimiento al sacrificio de una madre debería ser como la caridad: ambas innecesarias. Ni sacrificios, ni caridad. Mejor la justicia.

Muchas muertes en pocos días. Soy una campeona. He tenido ayuda, por supuesto. Tengo un hada madrina. Tengo una mano de hombre. O más. Tengo el corazón de mis hijos. Tengo muchos amigos y amigas. Uno tuvo hasta la mala idea de decirme que le hubiera encantado ser mi madre, sin saber la adolescencia que le di a la pobre… Tengo un trabajo que me encanta y me proporciona el dinero que necesito para vivir bien. Pero sobre todo, me tengo a mí. No lo digo para presumir, porque lo olvido muchas veces. Lo digo porque eso no se lo decimos a las niñas. No se lo transmitimos. De princesa de papá pasamos a reina de la casa sin respiro, a qué te vayas a dedicar para ganarte la vida y crear, no es lo que más importa. Y así pasan 40, 45, 50, 55 y hasta 80 o más años… esperando a los demás. No lo hagas, no te dejes…

También leo, escucho y veo en la publicidad que las mujeres de mi edad necesitamos compresas, cremas para la sequedad vaginal, pastillas para la ¿singanadenáyó?, tranquilizantes para la menopausia, cremas para una lucha con resultado previsible, y un sinfín de tareas e inversiones todas costosas en tiempo y dinero que no son reales. Dicen que somos invisibles, cuidadoras y que estamos mal de lo nuestro. Leyendo todo eso y repasando cuántas de esas cosas no necesito ni me identifico con ellas (tampoco mis amigas) me pregunto porqué nos tienen tanto miedo… Veo a Antonio Banderas, un señor de mi edad que no necesita compresas ni cremas, y me encanta lo que dice, el aire de Málaga es lo que tiene: Hoy comienza la segunda parte del partido de mi vida. Y así me siento yo también.

Hoy ella me está cuidando, por fin, sin angustia.
Hoy ha muerto David Bowie.
Hoy mis hijos me han regalado tiempo, soledad, libertad.
Hoy, ahora sí, y sin esperar a que nada esté donde debe estar…

Hoy empiezo el resto de mi vida y tengo la firme intención de morir creando, aunque no serán canciones.

(Gracias, Ana ;))

Publicado en Personal | Etiquetado , , , | 6 comentarios

Egoedu, egoland versus humildad y generosidad

Brevemente, necesito escribir así un poco al aire, rápidamente para no mentir, necesito hablar de algo tan simple y complejo como el ego en general y el egoedu en particular.

Como activista eduTIC en recuperación (yo lo dejo cuando quiera) sé que es muy fácil ser capaz de hacer cosas diferentes en el trabajo diario, bien sea en la escuela o pasando revista a los toros que van a matar por la tarde en la Maestranza. Se puede hacer mal, mediocre o intentar algo diferente. En cualquier trabajo, por chungo que pueda parecer, se puede hacer siempre algo distinto.

Hay personas que tienen (tenemos) cierta facilidad para sacar los pies del plato. Yo soy consciente de que mis mejores momentos laborales nunca serán públicos. Estoy contenta por haberlos vivido y sé que la chiquillería, al menos parte de ella, también. Los guardo en el corazón y disfruto al recordar cómo unos ojos se abren mucho al saber que penta es un prefijo griego y que saber eso ayuda en Matemáticas.

He reivindicado collejas para quienes no se reciclan y mano dura en la Universidad, que es un colaero de mala docencia. También de buena, claro. Y reivindico evaluación y carrera docente porque no me asusta que me evalúen (el año pasado me evaluaron y me sentí bien) y porque no quiero ganar lo mismo que la maestra-maestro que ven elsálvame por la tarde. Pero de ahí a creerme Tonucci va un abismo. De ahí a creer que los demás no pueden aportar nada, va un abismo. De ahí a sobrevolar al prójimo, o a la prójima, va un abismo. De ahí a creerme inmortal, omnipotente o infalible, va un abismo.

Ahora estoy expuesta. Me siento como en un escaparate donde el juicio y la condena, el diagnóstico, son suyos. Incluso si es a favor, que abundan, es suyo.  El suponer que saben lo que pienso, lo que siento y el por qué de mis decisones, es lo que hay en sus cabezas, independientemente de que acierten o no, que no suelen acertar. Básicamente, es lo que hay. Acepto la vulnerabilidad, acepto que lo que hacen los demás (incluso los ataques gratuitos y el daño) no es personal, es cosa suya, fruto de sus propias experiencias vitales, y no me ocupo de eso. Pero soy consciente del daño diario a la escuela y sus habitantes.

Hay algo que me cuesta cada vez más y es ver como algunos profesionales de la educación, de la presuntamente buena educación, nos creemos por encima del bien y del mal. Embutidos en una nube de egocentrismo, con las gafas de este señor del vídeo, creemos que el bienestar y el futuro del mundo está en nuestras manos. Unas manos que, a pesar de lo que pudiera parecer, comparten poco. O nada.Y puede que no siempre estén tan pulcras como debieran.

Mis manos son muy independientes, no voy a presumir de ONG con falda. Pero creo que si no hay trabajo en equipo, que no en grupo, esto no furula. Da igual qué pila de buenas ideas tenga yo, y da igual que Wert, antes de recoger el premio a la mediocridad que en este país se suele dar muy a menudo, me haya dejado poder absoluto sobre 43 profesionales, casi 800 alumnos y alumnas y sus familias, qué burrada.

Estos pies y millones como ellos, son lo único realmente importante del sistema educativo.

Estos pies y millones como ellos, son lo único realmente importante del sistema educativo.

Si no hay voz para todos, manos trabajando enlazadas, buenas prácticas compartidas, mucha, mucha, mucha humildad, aceptación de que todo el mundo tiene algo que aportar, si no hay generosidad, no tengo nada, cualquier proyecto fracasará. Todo esto lo conozco desde hace mucho, me cuesta practicarlo y tenía la certeza de que ocupar la Dirección del colegio temporalmente (nada es para siempre, no quiero ni debo olvidarlo) me ayudaría a aprender que soy una hormiga, una más y que sola no voy a ninguna parte. Por muy lista que sea, por muy poco que me cueste correr y sabérmelo casi todo creyendo que soy “La Profesional”, digamos en modo Corintios:

Si no tengo amor, de nada me sirve hablar todos los idiomas del mundo, y hasta el idioma de los ángeles. Si no tengo amor, soy como un pedazo de metal ruidoso; ¡soy como una campana desafinada!

Publicado en Personal | Etiquetado , , , , , , , | 8 comentarios

Estimado señor

Estimado señor Dos,

No necesita pavonearse delante de mí. Quiero decir que el esfuerzo es inútil. Le he visto hacer cosas ridículas y demasiadas barbaridades por robarme un beso. conozco sus miserias como usted alcanzó a sospechar las mías y créame que me enamoraron mucho más que su impostura y su lenguaje de ahora… No, no he venido a reñirle. Ni a reclamar. No hay qué. Solo corrí para frenarle por miedo a que, mostrándose fino y elegante, haciéndose usted el interesante, acabara por mostrarme al que no tuve la mala suerte de conocer. Corrí a frenarle porque sé que no me gusta usted peinado. Ni vestido como suele ir, que no parece idea suya.

Corrí a decirle que no insista. Ya sé que a veces funciona, pero esta vez ya no. Después de haberle visto como a los pavos del Alcázar siento la absoluta necesidad de decirle que este que usted nunca será,  no alcanza en mérito para ser amado al que no saben que yo vi. Desde esta nueva ciudad adonde vine huyendo, el que fue y yo le decimos hasta nunca y buena suerte. Ya no confiamos en usted.

Para los seguíos #gomamilandetodalavida Para los demás, besitos #murakami #güerve #mindfulneando

A photo posted by Lola Urbano Santana (@nololamento) on

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , | 1 Comentario

La familia española

Hoy ha sido mi santo como cuando era pequeña, que lo celebraba con mi abuela Lola el 15 de septiembre,  y el trabajo que desempeño me ha regalado un sinfín de oportunidades de aprendizaje en una sola mañana y he de decir sin que le importe a nadie, que aunque cuesta mucho desaprender cosas de cuando eras pequeña, voy dando pasitos. Claro que no me sale muy bien, pero estoy muy orgullosa de los resultados que se van viendo poco a poco. No me refiero al colegio, que también, sino a mí. Lo que antes vivía como agresiones y me hacía desufrí, ahora lo vivo como: aprendes o aprendes. Y, desde luego, me pongo en los zapatos ajenos de quien agrede  y siento su sufrimiento, porque si no se está sufriendo, si se está bien consigo y el mundo,  es imposible que te salga hacer ciertas cosas.
 
Ah, claro, desde fuera no se ven los avances (mi amiga Piti siempre me los ve, por cierto). Sin embargo, cuando trabajamos este aspecto en el aula, le digo al niño o niña que tengo enfrente: “¿Tú lo ves? ¿Sientes que te enfadas menos? ¿O que te dura menos? ¿Quizá sales antes de la trampa que te tienden los manipuladores? ¿Tienes menos miedos? ¿Vas aprendiendo a distinguir el grano de la paja? ¿Empiezas a no dejar que la gente ocupe tu sitio sin permiso?” y lo hago mientras les pongo la mano en la barriga y respiramos, venga, más despacito, no te preocupes, respira, respira, respira…  y procuro usar palabras más asequibles pero que no devalúen su inteligencia y capacidad de discernimiento que, cuando se trata de sentires, los tienen muy claros hasta que llega el adulto de turno a capárselos: “no sientas eso, que queda poco cool”.
 
Pues si tú lo ves, es que es. Lo que sí hay que hacer, claramente, es ponerse a salvo, cuidarse. Preguntarse cada mañana: ¿Cómo estás? ¿Qué necesitas? ¿Qué quieres para hoy? … Y buscarlo sin pisotear a nadie y sin dejarte pisotear. Ocuparse de una misma no es robar la paz a nadie. No ocuparse de las vidas ajenas es, entre mil cosas más, muy saludable, y un detalle de buena educación. Pero sobre todo, un alivio.Y son dos deportes poco practicados y por tanto, poco aprendidos en directo, que es como mejor se aprende. En mi casa había dos patios enormes y ningún balcón a la calle, y eso no me cabe duda de que me ayudó a conseguirlo sin esfuerzo. Me importan un comino los asuntos particulares de la gente salvo si es por estudio socioantropológico tipo “¿Por qué te acuestas con otro si tu marido es ideal?”, y cosas que llaman la atención por no llegar a comprenderlas.
 
Lo más importante que habría que hacer llegar a nuestros niños y niñas, antes que el libro de Goleman, sería una familia respetuosa. Que respete las individualidades, que en Reyes echen los juguetes que se piden en la carta a SSMM o que, en todo caso, asuman los padres la culpa y no se la echen al pobre Baltasar; lo que viene siendo no prometer lo que no se va a cumplir. Una familia que no recorte más que el gobierno, éste o el otro. Una familia que dé ejemplo de elegancia y saber estar, que enseñe a respetar al otro, a la otra… Y después, ya nos ponemos con las regletas.
Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Un año de amor (II)

Cuando hasta a mí me sobran las palabras porque, al ver este vídeo, como a tantos maestros y maestras del mundo malmirados muchas veces, se me caen las lágrimas a chorros y no distingo la ilusión, las ganas, el empeño y la no rendición, del cansancio. No dejo de preguntarme ¿cómo hemos sobrevivido a un año tan duro y tan bonito?

Gracias a David, a Carmela, a las muy especiales, a las que hemos podido conocer por dentro, algo muy necesario, y a toda la comunidad educativa del colegio. También a quienes nos dijeron que esta semana sería un fracaso y han sido capaces de reconocer su tremendo error ;P

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , , , , | 1 Comentario