Cero. Uvas docentes.

Me acabo de comer las uvas docentes al lado de mi primer colegio, en un entorno maravilloso lleno de naturaleza, cultura, curvas, diversidad y ventolera. Por lo menos 10 grados menos que en la capital. Qué bien hemos cenado. Esteban, el camarero, me da las buenas noches con un choque dinámico de nudillos y un “hasta mañana, bonita” tan impropio como divertido. Hasta mañana, Esteban. A ver si hay disponibilidad y me quedo a vivir. En el hotel, no con Esteban.

Son las doce de la noche pasadas porque el en punto dura un segundo, y estoy aquí sentada en un patio cordobés diferente, mirando a la Mezquita por encima del hombro y dejando que la ventolera que se ha levantado me despeine como debe. Echo de menos la pinza del flequillo pero no me muevo. Espero que el torrente salga, y siento. Llevo unos meses de sentires muy interesantes… mucho.

Y que rulen, que rulen esta noche.

A raíz de la entrada de ayer, he recibido algunas preguntas sobre los motivos por los que me hice maestra. Pues ahí va el primer motivo. La niña de la foto que sigue viviendo conmigo y lleva cara de ir pensando en cualquier cosa menos en lo que estaba haciendo. Y sí, pocos pasos más adelante, la bandeja se fue al carajo y las risas inundaron el templo.

Ese día se me cayeron las arras al suelo y me acuerdo perfectamente de lo que sentí.
Después llegó el motivo con mayúsculas para
no rendirme nunca.
Íbamos a sitios donde aprendimos que no queríamos ir a esos sitios.
Íbamos a otros sitios y nos gustaron más. Tanto, que nunca hemos dejado de ir.
Los motivos aumentaron y mucho.
Y seguí aprendiendo porque cada vez era más complicado.
Una de las más mejores y mayores lecciones del mundo: los hermanos.
Ahora tengo el motivo mayor del reino.
También he aprendido con y de esta niña.
Que según iba creciendo veía cada vez más y más cosas para aprender… demasiado trabajo, pensamos.
Con esta niña aprendí a valorarme, a ser más cariñosa, a no dar por hecho que solo hay un camino.
Ya venía desafiante. Por su independencia también me hice maestra. Para enseñarle a conservarla.
Algunas niñas ya vienen con media fortaleza construida y la sonrisa puesta.
Alguien tiene que enseñarles que los niños fuertes también quieren mimos cuando se caen o están tristes.

Y a eso he dedicado mi vida entera, temeraria a veces, vaga otras y el montón de etiquetas que me quieras colocar.

Mi mejor CV: Ha sido una larga historia que no se puede contar sin ventilación. Córdoba, Posadas, Lucena, Córdoba de nuevo, Puerto Serrano con su Plaza de Libia y aquella mancha en el muro de haber quitado la Cruz de los Caídos, mi madre hiperventilando, aquí no te quedas, 1984… Brenes porque tenía tren y San Juan casi completo. Y Tomares…

Por la niña primera, por mi niña nueva, por todos los que vinieron detrás, por el convencimiento que tengo de que siguen dentro de cada quien y son quienes lloran, se desesperan, mendigan, se avergüenzan, gritan, se enfadan, se comparan, se duelen si los dañas y no acaban de comprender lo que pasa, ni saben cómo solucionarlo. ¿Has visto alguna cara parecida a estas en tu escuela, en tus clases, en tu casa? Yo sí…

Si es así, si recuerdas tu cara y tus sentires de hace tanto y a veces te los encuentras en cualquier colegio, recuerda al niño, a la niña que fuiste y cuídate y cuídalos como si fueras tú (solo en caso de que sepas de qué te estoy hablando y que lo hayas solucionado o estés en ello). Recuerda desde dónde nos dolemos, nos hablamos, nos mentimos y desde dónde nos conviene perdonarnos.

Si aprendiéramos antes el noble arte de la compasión…
El resultado del esfuerzo, si tienes suerte, siempre llegas a verlo. Adoro esas manos pequeñas y me siento mejor persona cuando miro el dedo que ella, ya siente, que siempre la protegerá.
No hay meta, la meta es el camino, pero a veces una evaluación parcial tampoco sienta mal.

Y poco más que decir. Pasando página y empezando a Vivir. A ver esta etapa lo que dura y qué sorpresas nos depara… Agradecida por lo vivido y como en la anterior vida, seguiré bailando el tiempo que nos dejen, con la letra musical que describe la única certeza que me queda: ¿a quién le importa?

Desde el infinito amor que estoy sintiendo… ¡¡GRACIAS!!

Acerca de lolaurbano

About me... eso digo yo...
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2 respuestas a Cero. Uvas docentes.

  1. manelmuntada dijo:

    Precioso, Lola!
    Gracias, muchas gracias por lo que nos vas dejando, qué suerte coincidir contigo!!

    • lolaurbano dijo:

      Es mutua la suerte, y lo sabes… yo solo comparto algunos momentos y vivencias que me dejan huella, esta vez una muy profunda, hermosa y llena de amor, pero ojalá fuera capaz de transmitir sabiduría verdadera como tú. Igual me acerco a verte a BCN y nos contamos 💜

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