Camina conmigo

“Tú respiras pa no morirte pero no porque te guste”, me dijo sin respirar.

“Camina conmigo” es una película documental sobre una comunidad budista donde practican el arte del Mindfulness. ¿Cómo podíamos vivir antes sin saber inglés?

Sin Mindfulness nunca estuvimos (rezar lo es de alguna manera y la mecedora de mi abuela Lola tenía un kit completo), es sólo que ahora se lleva y se quiere sistematizar y se venden libros y se pretende que en la escuela lo enseñemos las que somos de natural TDAH y sin complejos y eso, como las TIC o el bilingüismo, no se puede imponer sin antes tener unos cimientos medianamente sólidos. Ojo, que no estoy en contra, pero no a saco, ni porque esté de moda, ni para que aprendan felices, etc. Un poquito de sensatez.

Empieza (el documental) con una procesión como las de antes, con recogimiento y silencio sólo que las personas se afeitan la cabeza en vez de ponerse mantilla y además no van vestidas de domingo ni llevan vírgenes (bajo palio). Este absurdo pensamiento me asaltó nada más empezar, pero vi hasta caras que podrían haber sido.

Sin meterme en honduras, lo que he visto en la película ya lo había visto antes, de pequeña, cuando me lo creía todo porque confiaba en quienes me decían lo que tenía que creer. Sin meterme en qué creo o qué creen los demás, vi en la película similitudes varias, más de las que hubiera imaginado y para poner orden en mi cabeza, sólo por eso, lo escribo aquí.

Por supuesto, no se folla ni aunque leas. Esto, que a priori parece una dificultad, para muchas personas es un alivio. Me lo dijo un monje del Paular en la única conversación que pudimos mantener en cuatro días que estuve allí, otro sitio donde reinan el silencio y el buen aire. Con cierto atractivo a sus 84 años, de joven debió ser un cañón, este monje había sido amigo de mi padre, casualidades de la vida, y eso le dio confianza: “Niña, yo ya no sé si creo o no, pero aquí se está muy bien, aquí no tenemos que arreglar nada ni ocuparnos de nadie”. Tal derroche de sinceridad me emocionó.

En el budista, si te tocan o tocas y tienes pensamientos impuros, ya no eres monja. No te digo nada “si lees”. Esto me suena también. Como suena cada quince minutos una campana que te recuerda que estás aquí y no allí, donde te gustaría realmente estar. Respirando, se te quitan las ganas de estar donde no estás y con quien no estás. Que yo sepa, eso era así hace mucho, antes de los orfidales. Después dejamos de respirar y nos pusimos a correr hacia ninguna parte, pero yo viví con gente (poca, pero como las meigas) que respiraba y no corría aunque jamás se hubieran afeitado la cabeza.

Por supuesto, hay un maestro, varón heterosexual, al que humildemente le ponen la comida por delante. Y el público (también en el cine, hasta la bola) mujeres heterosexuales mayoritariamente. No sale nadie limpiando, lo eché de menos. La casa del cura la limpian las monjas. Aquí no sé si hay reparto de tareas, tiene pinta de que sí, pero algunos no. La jerarquía es la jerarquía. Como dice una famosa inspectora: “El sistema educativo ni es ni puede ser horizontal, porque lo dice la ley. Aquí unos mandan y otros obedecemos”. Pues eso.

Me gusta mucho, eso sí, pero no estoy segura de que se aprenda sólo con Mindfulness, la no implicación en discusiones inútiles, que ahí sí que se construye la paz (por eso yo me apunto). Otros sindicatos espirituales (según Jesús, dominico) se enfrascan en peleas y soberbias que aquí no se ven. La paz como camino, Gandhi says. Mientras uno grita en nombre de Jehová ellos no se alteran. Qué maravilla.

Monjes y monjas cantan, no tienen posesiones y lloran, no se enamoran  y se van de su casa y están años sin ver a su familia si es que la vuelven a ver. Así no salen arrugas. Listos son; decía el maestro que echaba de menos a sus seres queridos pero que si los tuviera cerca igual los tenía que ahuyentar de nuevo. Lo mismo te echo de menos, lo mismo, que antes te echaba de más, que cantaba Kiko Veneno. O mi suegra: “Qué bien cuando vienen los cinco y qué bien cuando se van”. Ya me dirás qué tiene esto de diferente al resto de la gente. Ah sí, que ellos aman a su familia aunque sea desde muy lejos; así cualquiera. Mérito tiene quien se queda a acompañar, respire cada poco o suspire cada menos. Lo otro es liberador, y nada que objetar, pero mérito, mérito… dependerá de cada quien, claro.

Para quienes tengan dudas: se puede empezar a aprender a estar aquí y ahora mientras sigues practicando adicciones, sexo o comes palomitas y bebes coca cola en el cine, viendo esta película: ¿tiene lógica?, se preguntaban algunas personas. Claro que sí. Somos humanos, no diváins. Tanto, que el mensaje “tuve cáncer hace veinte años, empecé a practicar mindfulness… y …” Bueno, esta parte no me gustó. ¿Es bueno practicar de todo cuando caes enfermo? Claro, igual que sano. Lo que no tiene sentido es cambiar la quimio por la meditación, aunque la meditación ayude a estar mejor durante la quimio. Y no sé si todo el mundo lo tiene claro.

Y así, así, salí del cine casi enfadada. Menos mal que practico Mindfulness y me perdono. Resumiendo, muy buena fotografía y la voz cálida y sensual de Benedicto, al que adoro.

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3 respuestas a Camina conmigo

  1. Berta dijo:

    Genial Lola, como siempre

  2. Pepe Lozano dijo:

    Usted sabe mirar y sabe ver.
    Mientras leía pensaba en los sin grey. Los que no son de un lado ni otro, los que no pueden pertenecer a ningún club. Y todo ello sin soberbia, al natural. Gracias Lola.

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