Confusa, pero he vivido I

Ahora que mi mente y mi alma empiezan a querer otra cosa aunque sin dejar de amar un pelo lo que tanto amo, a quienes tanto amo, no siento nada feo o catastrófico. Quizá el hecho de considerarse a una misma una persona con suerte que está divina (in divine sens) de la muerte, tenga algo que ver con esta paz que siento teñida de cierta nostalgia, que no tristeza, y que también va llena de posibilidades esperando al final del túnel de la #rnmcongadolinio el hastag que nunca quise escribir (os daré unos consejos en otro momento sobre cómo no acabar con un colocón con la excusa de la claustrofobia).

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El cáncer nos toca a todas las personas, a unas con más saña, a otras con menos y siempre toca a quienes te quieren aunque estén sanos. Pero también nos tocó que nos quisieran, que nos regalaran libros, que el aire enredara nuestra melena en algún acantilado frente al mar metiéndose los pelos rubios en los besos morenos, que te dieran un tirón de orejas por besar con lengua dentro de la Catedral, ¡que me dejes, pero si Dios es Amor!, que unos ojos de niño y después otros dos te hayan mirado como si no hubiera en el mundo nadie más importante que tú es una experiencia que da sentido a todo lo demás.

Quizá tuve que nacer para no perdérmelo.  Me tocó haberlos llevado dentro… y no hay mayor placer conocido ni experiencia más científicamente interesante a la par que sublime en este mundo de horror ético y estético. Mereció la pena pertenecer al club del “sexo débil”, ¡ay, que me parto!, solo por haber podido vivirlo.

Y tantas y tantas cosas…

Y nada, ahora que estoy viviendo mejor que nunca, haciendo de mi capa un sayo como es debido y costumbre, según mi madre, trabajando con gente maravillosa que me ayuda a conseguir mejorar lo que es tremendamente difícil mejorar, pues tengo que seguir aprendiendo a no tener miedo, a confiar en los médicos. O a tener miedo y meterlo en el bolso, pero no quedarme quieta.

Y sobre todo, ahora que estoy viviendo mejor que nunca, he dejado de tener miedo a quienes nunca di permiso para meterme miedo. Qué alegría darte cuenta de que no tienes miedo porque ¡eres una pedazo de tía valiente! digo gritándome en la ducha y  porque llevas todas las de ganar, me susurro embutida en la toalla mientras me seco. Y la verdad es que eso ayuda. ¿El qué ayuda? Pues tener cartas buenas en todas las partidas que tengo abiertas.

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He vuelto, como de pequeña, a aprender lo que me apetece aprender. Qué lujo, ¿eh?  Estoy aprendiendo leyes. Cómo usarlas en beneficio del bien. Por ejemplo, aprender a no consentir, dentro de mi pequeña capacidad de acción, que nadie más nunca pueda permitirse el lujo de dañar lo que no es suyo ni de intentar (conseguirlo es otra cosa) dañarme a mí. Pinta pírrico el volumen de mi éxito, pero son intensas las ganas, está todo en orden y puede ser suficiente (aunque fue sobresaliente lo que nos dieron) para un minimundo.

Y suena tonto, quizá lioso, poco claro, pero no lo es.

Creo que me dará tiempo de conseguirlo.

Y entonces vendré aquí y os lo contaré.

 

 

Acerca de lolaurbano

About me... eso digo yo...
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3 respuestas a Confusa, pero he vivido I

  1. cpaez01 dijo:

    Y estaremos por aquí para leerte y alegrarnos de lo que consigas, o simplemente por vivir la vida.
    Un abrazo Lola.

  2. peralias51 dijo:

    Estaremos esperándote con ansia que tengas esas ganas locas de escribir. Un fuerte abrazo.

  3. Lola Prieto dijo:

    Te quiero, Lola. Siempre.

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