Despedidas con amor

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(Para entender lo que os cuento, tenéis que leer antes esta otra entrada)

Y ahora…

Esta mañana, cuando iba a sacar a los agapornis de Javier al sol vi a Lola dormida en el fondo de su jaula. Dormía el sueño de los justos, y el de los injustos, que también se mueren.

El primer pensamiento que tuve fue para mi peque, que ya no es peque, pero es tierno y dulce como nadie imagina, aunque a veces lo esconde, como yo. ¿Y ahora cómo se lo digo?, me pregunté. Cuando estás fuerte, puedes prestar un hombro, dar una mano, o acunar. Pero cuando estás rota como estoy yo estos días, la cosa se complica. Ser madre y mujer el mismo día y a la misma hora a veces puede ser angustioso. Cuando todo va bien, porque no quieres dañarlos. Cuando todo va mal, porque no quieres dañarlos.

Como decía, Lola, la agapornis de Javier, dormía el sueño de los justos con las patitas enredadas en la jaula, y el torbellino de sentimientos que me atropelló fue de tal calibre que casi me dieron ganas de acostarme con ella y dormir… Demasiadas cosas en pocos días. Fue solo un instante, justo hasta que en mi corazón vi los ojos vidriosos de pestañas espesas de mi hijo. Y entonces ya no tuve tiempo de morirme de dolor.

Buscar el sitio, pensar el cómo, abrazar, llorar con él, por ella, por mí, llamar a papá, que ya no llega a curarla, asustar a Carlos que dormía, ¿qué hago? Empiezo a “entender” el negocio de los tanatorios y me vuelvo a acordar de la diferencia entre los entierros de mis abuelos y el de mi hermano. No exagero, cuando un animal se muere en mi casa lo enterramos como merece. Con calma, con cuidado, en el mejor sitio posible, con respeto, en silencio y llorando. Nada que ver con los entierros humanos a los que voy.

Hoy no hemos huido del dolor. Hemos aprendido a atravesarlo, a quedarnos y sentir. No hemos hecho chistes, no hemos cambiado de conversación, no hemos dicho mentiras piadosas. Hoy hemos crecido mucho en esta casa. Los tres. Hemos mezclado lágrimas por Lola y por los que se fueron de algún modo, y hemos regado la tierra con ellas, casi lo único que podemos dar a nuestros muertos, además de dejarlos marchar en paz.

Hoy ha tocado celebrar nuestro particular día de difuntos. Un pájaro muerto, un corazón muerto, una mujer muerta, una madre que resucita. Y un niño que da lecciones de vida a una madre que por él, por ellos, resucita a la mujer. Porque tienen que saber que la muerte forma parte de la vida y que aceptarla es la única opción saludable que nos permite seguir siendo quienes somos. Mi experiencia es que mis padres aún me esconden la muerte de algunas personas, porque no se fían de mi capacidad para sentir y superar el dolor. Me enseñaron o mejor dicho, no me enseñaron que la muerte es natural, no me dejaron nunca ver un muerto, y eso no me ha hecho ningún bien, porque ahora tengo que aprenderlo tarde y mal.

Mientras dejamos que el mundo tontorrón tipo jálowin que les estamos dejando haga estragos en sus almas, en las de nuestros niños y su necesidad de consumir cosas, adrenalina y cuentos baratos, no tenemos huevos de explicarles qué es la muerte real, que no sabemos si la abuelita fue al cielo y nos ve, y que nos aterra nuestra propia muerte y por eso queremos escondérsela a ellos, para no tenerla que verla nosotros mismos. O que simulamos que queremos ahorrarles dolor cuando en realidad ansiamos que desaparezca el nuestro. Así que hoy aquí nadie se ha evadido con otra cosa. Tenemos otro agapornis y al mirarlo nos hemos preguntado qué hacer con él, como si la muerte de Lola implicara que él ya no podía seguir con nosotros y la bola de cristal se ha iluminado con intensidad y nos ha dicho claramente lo que ya sabíamos…

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Su Lola ha muerto y ahora vive debajo de esta flor tan bonita que hemos regado esta mañana con lágrimas dulces de despedida. Porque cuando las despedidas no son amargas, duelen mucho, pero te abren el corazón y te llenan de experiencia de vida y de amor. Hemos regado la tierra con lágrimas, hemos grabado en nuestra cabeza su carita. La hemos dejado marchar en paz. Ojalá yo tenga la suerte de tener un entierro parecido y de ser capaz de decir adiós igual a mis vivos y a mis muertos. Amén.

(Y aún queda gente que no cree en las serendipias…)

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16 respuestas a Despedidas con amor

  1. peralias dijo:

    Hija, vaya cómo sientes y cómo lo expresas… me encanta leerte, das una lección de vida a tus hijos y a todo el que tiene la suerte de conocerte. Nos vemos pronto!!! Besos

  2. Aunque he visto varios muertos, pocas veces he sentido a la muerte ya que siempre se ha interpuesto esta máscara con la que la disfrazan los vivos. Hace ahora un año, creo que la sentí por primera vez cuando murió mi padre, pero duró muy poco tiempo. Tuve que forzarme y concentrarme para tener realmente consciencia de lo que acababa de ocurrir, apartarme de donde yacía él y de todos aquellos que le lloraban para poder estar sólo y ser consciente del vacío que necesitaba sentir. No sentir dolor puede llenarte de culpa y sepultar tus verdaderos sentimientos, aquellos más sinceros. Tienes mucha razón, nada que ver con la vida con la que lloráis la muerte de Lola y que me permite acompañaros, sinceramente, en este dolor.

  3. Por si te sirve de ayuda, algunas lecturas sobre la muerte. Porque también es un buen tema del que hablar con los alumnos.
    http://issuu.com/jmanuelgarrido/docs/menu_lectura_muerte
    Un abrazo a ti, a Javier a la familia.

  4. Mi padre fué un andaluz desterrado en Castilla, (cosas de la guerra). Cuando murió su madre viajó a Sevilla para el entierro y a la vuelta se encontró con que en casa no se escuchaba la radio y mi madre y mi otra abuela iban de negro absoluto. Lo primero que hizo fue poner otra vez la radio en marcha y decirnos a nosotros, que eramos unos críos, que el sufrimiento se lo quedaba él y que lo mejor que podíamos hacer era seguir con la vida para adelante.
    Unos años más tarde y estando enfermo, aunque nunca el humor andaluz, alguna vez se ponía serio y en uno de los viajes que hice para verle, solo me decía una cosa: El día que yo me muera, te vas al bar y te tomas una copa a mi salud, porque esto tiene que pasar y lo que hay que hacer es tirar para adelante. No tengo ganas de que nadie sufra por mi. Pero hazlo solo, porque si no te van a llenar el hombro de lloros de gente que ni te conoce.
    Unos meses mas tarde me tocó vivir dos funerales. Uno donde casi era un extraño y otro con mi hermano, tomándonos unas copas y soltándonos las lagrimas entre los dos.

    • lolaurbano dijo:

      José María, a mí me gusta distinguir, más bien lo necesito, entre el dolor que sana la herida y el sufrimiento con el que o bien nos matamos a victimismo o bien chantajeamos a los demás.
      Yo prefiero pasar el dolor limpio, intenso a veces, con muertos que se mueren o con gente a la que amas mucho y se van a otro sitio, o te dejan.
      Necesito llorarles, necesito dolerme, y de ahí siempre nace un cachito nuevo de Lola que hace de mí una mujer más honesta, más sana y más libre.
      Eso sí, cuando duele… no sé si sabría describirlo aquí.
      Un abrazo

  5. Ana dijo:

    Me ha encantado.

  6. pily dijo:

    ¡Qué bien escribesss!

    Besosss

  7. Carmela dijo:

    Pues sí, hay que dejar fluir el dolor. Si perdemos a alguien que queremos ¿cómo no vamos a llorar? ¡Es lógico! Yo lloré y lo sigo haciendo. Pero ahora el dolor es diferente, es el coraje que me da no poder hablar cara a cara con ella, o achucharla. Mi manera de honrar a quien se ha ido es hablar de esa persona, recordarla, reirnos con sus ocurrencias. Y que mis hijos no la olviden, porque sigue estando viva en nuestros corazones. Y no es masoquismo. A ellos les alivia hablar y recordar con cariño. Y me ayuda a mí. Qué alegría haberlos podido tener en nuestra vida ¿verdad? Pedazo de suerte.
    Un beso, Lola.

  8. Muy emocionante, me hen sentido por un momento en ese abrazo entre los que están y los que ya no están. #iloveyou

  9. eduCaixa dijo:

    Contamos contigo para impulsar el espíritu emprendedor entre los jóvenes en edad escolar de Andalucía. Por eso, el 27 de noviembre te invitamos a un networking coffee exclusivo con Genís Roca, experto en redes sociales, con el que podrás compartir tus propuestas para fomentar la emprendeduría y las nuevas tecnologías en los centros educativos.

    Seguidamente te esperamos en el acto de presentación de Educación en emprendimiento:

    · Genís Roca realizará una ponencia sobre el impacto del factor digital en materia educativa.

    · Conocerás un decálogo para emprendedores y recursos educativos para el aula.

    · Te mostraremos los diferentes proyectos de educación en emprendimiento y buenas prácticas que ha desarrollado Andalucía Emprende y la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

    Colegio Santa Ana (Auditorio)
    C/del Padre Damián, 2
    27 de noviembre, de las 16.30 a las 18 h.

    Confirma tu asistencia enviando un e-mail a educaixa@educaixa.com y facilitándonos tus datos de contacto. El networking coffee se celebrará a las 15.30 h.

    Si no puedes asistir, te invitamos igualmente a visitar http://www.educaixa.com y a hacer difusión del proyecto. Y recuerda que la educación en emprendimiento no termina el 27 de noviembre. Entra en eduCaixa y descubre recursos educativos y buenas prácticas: https://www.educaixa.com/emprender-en-la-escuela

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