Está anocheciendo

Cuando aquella niña era pequeña, la vida diaria en una buena familia (léase comer a diario, explotar a una tata, ir a Misa, y cagar en secreto, amén de haber nacido en caída libre desde el pico de una cigüeña) consistía básicamente en sobrevivir.

Tenía que cumplir una cantidad de requisitos tal que era agotador solo levantarse y llegar al desayuno. Como quiera que los que la rodeaban exigían mucho y mal, lo que exigían no coincidía con lo que ella era o quería ser o hacer, y eso implicaba que le bajaban la cuota de sonrisas, afectos y hasta podía caerle un castigo o un bofetón, desarrollaba aquella niña unas habilidades asombrosas para manipular al personal. Es decir, para mentir.

Ahora, ya mayor, no necesita que todo el mundo la apruebe o la quiera. Su estómago ya no salta cuando alguien le expresa rechazo, entiende que cada quien elige sus afectos. El mundo a su alrededor fue cambiando y mejorando algunas cosas, aunque a ella le pareciera escaso y lento todo, cosas del TDHA. Y cuando más confiada estaba, todo empezó a cambiar otra vez, pero al revés.

Aquellos hombres y algunas mujeres que le causaron tanto daño estaban volviendo. Hombres y mujeres que nunca se equivocaban, que siempre sabían lo que era conveniente para los demás y que, en caso de llevarles la contraria, podían convertirse en el peor de los enemigos. No podía creerlo, después de tantos años, tenía que volver a lo mismo: manipular y mentir.

Siendo que ella cree que muchas veces es mejor no mirar, no hablar, no saber y que otras veces, cree que podría ser mejor gritar la injusticia, reclamar lo que es suyo, no dejarse avasallar, está empezando a pensar que, dadas las circunstancias actuales y el poco poder real (inmediato) que tiene, deberá volver a practicar aquellas habilidades adquiridas por necesidad. Esta vez, eso sí, de manera consciente y solo hasta que amaine, que es mucho más saludable.

Hay que mentir a los examinadores, que no evaluadores. Hay que prepararse para un mundo de tiburones pero sin acabar siendo uno de ellos. Hay que tener unas herramientas personales que sirvan para defenderse, sin atacar, de tanta maldad, tanta mediocridad, tanto predicador, tanta gente triste y fea que no ve más allá de sus propias narices, unas narices donde seguramente, tienen alojado el miedo a perder lo que tienen, esa basura que creen que les permite controlar la Vida, y a los demás.

Hay que cumplir la ley saltándose la ley. No me refiero, obviamente, a las leyes que se saltan los ricos, esos ladrones vestidos de domingo. Ni a las que atentan a la dignidad propia y ajena. Me refiero a las leyes que van en contra de nuestra propia naturaleza y de la naturaleza de los niños y las niñas. Me refiero a esas leyes que les dejan sin tiempo para la reflexión, el arte, la música, la danza, la ciencia, la literatura, la historia sin manipular, qué difícil, el ejercicio físico real… Tantas cosas.

El arte de la manipulación se compone de un conjunto de herramientas analógicas e invisibles que sirven al individuo (a las mujeres más, porque sufrimos más ataques directos) para defenderse de los depredadores. Digamos que se parece al camuflaje de los animales. Con la manipulación conseguimos nuestros objetivos sin que se note, haciendo creer al contrario que gana, y eso da buenos resultados siempre y cuando no acabe convirtiéndose en tu forma habitual y constante de estar en el mundo en cuyo caso, acabará doliéndote algo serio. Mi consejo más importante es no perder el sentido de la realidad, saber que lo haremos solo en caso de necesidad, para que la mentira que nos “salva” no se convierta en la verdad de nuestra vida en cuyo caso, ésta será un infierno de antidepresivos y desolación.

Resumiendo: ¿Quién necesita un libro de Educación para la Ciudadanía?

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6 respuestas a Está anocheciendo

  1. JLBracamonte dijo:

    Lola, siempre atinas en el centro de la diana y lo mejor es que no hay quien lo exprese como tú,

  2. Alberto dijo:

    Lola, lo que escribes huele y hasta sabe. Me has llevado a mi infancia y he tragado, con gusto amargo, el recuerdo de momentos tenebrosos. Vivir en permanente miedo y, aún peor, en permanente sentimiento de culpa.

    No cabe duda, o al menos eso pienso, que la sensibilidad nos jugó en contra en momentos en el que era completamente subversiva. Desgraciadamente aún quedan muchas lacras, posiblemente insalvables, agarradas a nuesra vida a mordiscos dolorosos ¡Dita sea!

    Un beso.

  3. Pues sí, Lola. No nos queda otra. Tú lo has escrito certeramente: habrá que cumplir la ley para saltarse la ley. Pura supervivencia. Pero sin olvidar que hay que seguir dando la lata y a lo menor oportunidad cazar al ratón.
    Besos, chiquilla.

  4. Carmela dijo:

    La manipulación es bidireccional, se usa para defenderse pero también para atacar.
    Es sutil y ladina, usa buenas maneras y en la mayoría de las ocasiones aparece como un acto de amor. Si es para defenderse bien, porque “entre tú y yo, elijo el yo” (que me dijo una amiga), pero cuando ataca es muy dañina, porque no te das cuenta hasta que estás metida en arenas movedizas. Y el daño ya te lo han hecho.
    Estoy de acuerdo contigo, hay que defenderse, y hay que mentir sin perder el norte.
    Un beso grande.

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